Me rehúso a crecer.
A vivir esa vida adulta, impuesta, que pretende limitarme,
con su tiempo y en su forma.
Que con cuidado adormecimiento cree ganarme la batalla
cotidiana, la de domesticarme e intentar hacer que con monótona rutina, me
transforme en un ser “bien” educado, callado y dispuesto a sufrir.
Sí, me rehúso con ira desde mis entrañas, no estoy dispuesta
a aceptar que madurar es la suma de las impotencias contenidas de esos “quizás”.
No, no voy a seguir creciendo así.
Mi convicción es simple y sencilla, naci con alas y pienso volar.
Mientras tenga un peso en el bolsillo y amigos que visitar,
no me pienso refugiar en el inconformismo de ver pasar mis días soñando en
vivir y no viviendo mis sueños, mis deseos.
Ya resigne mucho por otros. Y las cachetadas aún me duelen.
Ahora es mi tiempo.
Si nos sos capaz de
entender o de acompañar, no estorbes.
Igual voy a volar.
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