La Soledad...

La música no me define solo me complementa. Hay tanto frío aquí como afuera...
Y mientras espero el taxi, esta canción no deja de sonar en mi cabeza:



Esperaría que no te asuste este instante de sinceridad,

mi corazón vomita su verdad.

Es que hay una guerra entre dos, por ocupar el mismo lugar,

la urgencia o la soledad.
La soledad fue tan sombría que,
no te dejó encontrar tu naturaleza divina
La urgencia ganó esta vez dispuesta a penetrarte,
prepotente y altiva. 
Por las noches la soledad desespera.
Por las noches la soledad desespera.
Que por las noches la soledad desespera.
Por las noches la soledad desespera.
Espera por ti.
Espera por él.
Espera por mí.
También por aquel.
Con violencia sujeta su alma a una brutal represión,
esperando apaciguarse.
O confía en el paso del tiempo como otra solución,
para encontrar la calma.
Pero te pone loco en las noches rogando entrar
en los confines más oscuros.
Después te arrodillas ante el amor maternal,
suplicando ternura.

Espera por ti.
Espera por él.
Espera por mí.
También por aquel.
Espera por ti, por él, espera por mí, también por aquel.


La soledad…
¿Y qué hace este angelito ahora a las seis de la mañana,
subida al mástil de este naufragio?
¿A ver si, alzando las copas, forajidas viene un cielo de enfermeras
para lamer, sin asco las heridas de amor?
Por las noches la soledad desespera.
¿A ver si viene del cielo una enfermera del amor?
Por las noches la soledad desespera.












"No cariño, tú no quieres a alguien como yo.”*


No sé si puedo quedarme, no sé si un día dejare de correr.
Me gusta el alcohol, el tabaco y la pornografía.
Soy malhablada y como de más.
No me peino, no me maquillo
y no sé hacer de comer.
Tú no quieres a alguien así corazón,
soy un desastre, me pierdo,
a veces no hablo,
a veces hablo tanto
que te darán ganas de callarme y salir huyendo.
Dicen que soy libre en exceso,
me gusta rezar y prender inciensos.
Hago limpias y tengo sueños.
Tú no quieres una loca como yo,
ausente, voladora y efímera;
claridosa, vanidosa y egoísta.
Tú no quieres mis llantos de la nada,
ni mis huidas de esta realidad.
Tú no quieres mis intermitencias,
irrealidades y pesadillas.
Además mis piernas son chuecas
y tengo sobrepeso. Tú no quieres a alguien como yo…
Pero si lo quieres,
si me quieres y te arriesgas,
no me domestiques,
camina conmigo, juégame, gáname, tiéntame.
Acompáñame al cielo
y si el infierno nos llama, quémate conmigo.
Junta tus manos con las mías,
tus rezos a mis suplicas,
tus ojos a mis pupilas
y tu corazón a mis latidos.
Pero sólo si quieres, vida mía, si quieres.

-Habla mi Ego, Mercedes Reyes Arteaga.-









*Este texto lo extraje de la página de Señorita Occidental, me resulto tan increíble, que me tomé el atrevimiento de replicarlo, no le he cambiado ni una coma, así lo encontré, así lo dejo, aquí en mi pequeño universo...
Si quieren leer más de Mercedes Reyes Arteaga, hagan click aquí.


Espejismo IV



Rainbow.


Dos líneas. Palabras suficientes para trastocar todo mí alrededor. Nada trascendental, pero si con el poder suficiente de dejarme muda. Las repaso con la punta de mis dedos, quisiera que fuera tu piel. Tardo unos segundos a darme cuenta del contexto. Tu imagen escribiendo me llena de regocijo.

Mi interlocutor me mira contrariado. No entiendo yo, ¿cómo logro explicarle a él? Guardo en mi bolsillo el secreto que me aturde, e intento retomar el hilo de la conversación. El regreso a mi escritorio es más gris que el cielo de este junio.

El viaje es en dos días, la cita también. Algo va a salir mal, lo sé. Mi cabeza da vueltas y todo quedo alterado. Un abanico se abre ante mí, donde la posibilidad de hacer real una fantasía, es cada vez más concreta. ¿Será que fui muy evidente? ¿El sueño que tanto abrace, lograré hacerlo realidad?

Mi tormenta es más feroz de lo que pensé. No logro concentrarme. Necesito una escusa válida para no viajar. No puedo darme el lujo de desobedecer, eso implicaría alargar el castigo que me trajo hasta aquí, y en definitiva, la no posibilidad de elegir a donde ir después. Pero tampoco quiero perderme el encuentro, llevo un año soñando con una chance. ¿Justo ahora? ¿Por qué ahora?

Y sobre eso se me plantea otra circunstancia. ¿Para qué es el encuentro? Nunca vi señales de parte de ella. Es más, siempre pensé que mi objeto de deseo no era real. ¿Y ahora? Desde mis entrañas un clamor aturde mis sentidos, necesito salir de acá.

Sin cruzar miradas, tomo el abrigo, lo cargo junto a los cigarrillos y el celular. Correr, bajar las escaleras, y que el frio me congele entera. Las descargas de aire helado cortan mis pómulos, y me obliga a mantener los ojos cerrados durante unos segundos. A veces las decisiones más complejas, tienen una salida sencilla.

Volver y encarar todo. Un pequeño arco iris asuma en mi ser. Ojala esto funcione.











Espejismo. III

Previo...

La espera.



Mañana infructífera. Nada para hacer. Cinco puchos al hilo y siete solitarios ganados. Esto de tener que hacer que el tiempo pase, sin que pase nada más, me está aniquilando. La monótona calma del que espera, sabiendo de ante mano que en ella radica el castigo. Ese que me gané por creer que tenía alas, y que ellos consideran que pueden entender.

 El silencio me ciega y solo cuando suena el teléfono caigo en la cuenta de lo anestesiados que están los que me acompañan. El frio me impide moverme rápido, ¿o será la certidumbre de que nada bueno puede venir de ese llamado? No llego a atender, me quedo a mitad de camino, entre la inercia de salir corriendo y la parvedad de acurrucarme en un rincón y esperar  hasta despertar de esta pesadilla diaria.

Suena nuevamente, pero ya estoy lejos. Con una mueca poco inusual me avisan que el llamado es de “arriba”. La reunión dura poco. Decretaron viaje y a mí me “premian” con un confinamiento de tres días, en un rincón perdido de este mapa. Mi euforia es acompañada de un bostezo,  y en mi cabeza hace eco tu imagen.

Tres mañanas sin verte. En otro tiempo hubiera agradecido salir del asfixiante entorno gris, de estrellas y soles que me rodean, pero hoy, estar lejos de esta ciudad me produce escozor. Debería alegrarme, pero no puedo. Creo que al fin lo están logrando.

En realidad lo que me molesta es saber que voy a quedarme sin quimera por unos días. No debería haber trasladado todo mi ideal a tu existencia, a tu cara de niña buena, a tus manos de mujer perfecta. Y sé también que esa es la única forma que encuentro de evadirme, de fugarme por momentos de aquí.

Hoy entraste al café muy apurada, pediste para llevar, y a mí me quedo un sabor amargo. No alcance a disfrutar de tu sonrisa. Esa que impunemente le regalabas al mozo cuando te traía tu pedido. La noción del viaje, alarga mi impotencia.

Pensar en armar una valija, me llena de pesadez. Escucho sin prestar atención, cada detalle del trámite que debo hacer. Cualquier novato lo sabe, pero claro, yo estoy allí para reaprender. Lo único bueno es que estoy de nuevo en mi mesa renga. Las reuniones outdoor se me dan bien. Y sin remedio sueño, entre los chillidos de mi rector, que entras y me sonreís.

A veces pienso que sólo yo puedo verte. Que mi necesidad de sentirme viva me ha llevado a la locura de saberte, y de crearte a mi antojo. Que fue mi deseo el que dibujó tus contornos, esos que se agitan como mi respiración, que fui yo la inventora de tu cintura perfecta, del negro oscuro de tu pelo, y que tus labios… mejor escucho lo que me dicen, antes de volver a meter la pata, y terminar recluida en Ushuaia.


Saliendo del trance, el mozo nos interrumpe fausto, con su sonrisa de siempre. Me acerca una nota y deja fluir impávido que es de la misma clienta que llega a primera hora, como yo. 















Espejismo. II

Previo...

No te encuentro.



Frío, y las imprudentes flores me miran impiadosas, desparramadas como fina capa de olvido. Su perfume ayuda a que mi mente vuele, quedando enredada en el recuerdo de tu campera, esa que me llamó la atención y me hizo verte. Me congelo y aún no abren. Bendito reloj que sonó antes. Bendita costumbre de levantarme como autómata, y no mirar la hora, si no hasta estar arriba del transporte.

Hace más de un año, que siguiendo este ritual, espero, a la misma hora, por ese café que acompaña mis notas, que da inicio a este flagelo diario de dejarme encerrar durante siete horas; y entre renglón y renglón, desespero por poder verte.

No recuerdo contra quien escribía entonces, si la forma visceral en la que lo hacía, y como me iba perdiendo en un mar de ideas que se atropellaban por quedar mejor entrelazadas. En un respiro, levante mis ojos y mis lentes simultáneamente. El frío de la mañana me recordaba la cercanía a la montaña, y en la innecesaria necedad de ver quien había ingresado al local, te vi.

Suave, frágil, tu sonrisa me desarmó. Tu andar seguro, tus caderas marcando el ritmo de tus zapatos y el tibio sonido de tu voz, fueron el punto sin retorno. No quise oír esa vocecita que desde mis entrañas gritaba. Solo quise ignorar y seguir. A veces es más fácil así, no arriesgar y dejarla pasar.

Hace 365 días que repito la faena, el mismo horrible café, la misma mesa renga, y el idéntico helero que desde muy adentro pide salir. Anoche no dormí, nada nuevo, solo mucho para pensar y poco que decir. Menos aún después de creer que te había visto en la tarde de ayer. Si porque nuestros “no encuentros” son siempre de mañana, la lógica, si es que existe, dice que solo te debo admirar en las primeras horas, en las tardes vuelvo a ser ese zombi administrativo, que lucha por no luchar y se refugia entre papeles para no sentir.

Pero las mañanas son tuyas, aunque a veces se reducen a los 25 minutos que tardas en tomar la mitad de tu café, y salir corriendo mirando el reloj, dejando una estela de perfume y mi sonrisa boba, pidiendo más de vos.

Ya estoy en mi mesa, hoy se mueve más que nunca, y la hora de tu llegada se acerca. Apuro el asqueroso brebaje, no quiero quejarme mucho, en otro tiempo era lo único que me despertaba, hoy ayuda a que la sensibilidad vuelva a mis manos. El mozo sonríe, no sé de qué, pero el siempre sonríe.


Llego media hora más tarde y mi carcelario me recrimina, hoy voy  a tener que quedarme a cumplir un tiempo extra. No llegaste, y yo celebro un no aniversario, sin vos.








Espejismo. I

Me buscas.


Si, ahora sé que es así. Fue tan dulce darme cuenta, que mi corazón volvió a latir. Levantar la mirada y percibirte cerca me llevó a buscar rápido la lapicera y a poner en el papel lo que aún no me permito decirte frente a frente. Estas acá. Me buscaste. Te vi. Probablemente solo fue una casualidad, pero prefiero reafirmar mi sentir, a pensar que no queres saber de mí. 

Me ilusiona, y me encantaría que te tomaras el tiempo de saber que te escribo, que este espacio existe, y así alucinar con creer que lo que buscas, lo podes encontrar entre mis líneas,  convencerme en que la confirmación de lo que tu corazón no quiere proclamar, se encuentra acá. Lamento soñar despierta, pero este silencio, de tanto tiempo, me duele más que el hecho de discernir que no siempre es fácil sentarse a decir.

Aún así, me hechiza este juego, algo lento y perezoso. Sin reglas, sin límites, sin vencedores ni perdedores. Mi locura se enciende, tras este cascabel blanquinegro, que arde de fuego, pero al que no se lo deja brillar.

Y empiezo a volar, a dejarme llevar, a sentir tú aliento, virtual, imaginario, que reposa en mi espalda y espesa mis venas. Pequeño deleite, que me llena de esperanza. Se me infla el pecho. Mi alma estalla. Imagino tus manos, buscándome; tus labios incendiándome, y me reprimo de pensar, de soñarte, de quererte.

No quiero asustarte, pero sé que me buscas, y eso me encanta. 




Cuando termine de escribir este borrador, en aquella mesa de ese cafecito que sentí mi lugar, guarde mi carpeta y tome la cartera. Al salir note que me había dejado el celular, y al regresar me di cuenta que no eras vos, y me corazón se volvió a anestesiar…