Instantes.

Hace mucho que no escribo para mí.

Hace mucho que no siento esta tristeza, la de perder, la del dolor cargado de pesar.

Hace muchos instantes me prometí quererme lo suficiente como para no volver a sufrir, sino era necesario.

Un instante.

Una respuesta mal dada, un grito silenciado, una ausencia más.

La suma de pequeñas heridas terminó por sentenciar el "hasta aquí llegué".

Cerrar la puerta no fue difícil.

Explicarme sin ahogarme entre lágrimas, segundos previos a dejarte partir fue una tortura.

Quedar de espaldas a esa puerta cerrada, mirando la ventana compartida minutos antes, entre el humo de dos cigarrillos en silencios, fue el principio del fin.

No más.

No creo en segundas oportunidades, sin embargo, se te concedieron un millón, y fallaste en cada una. Ya no quedan más escusas, más instantes a recuperar.

Te llevaste todo. No dejaste nada.

Y aun sabiendo lo que hacías, no diste nunca un paso atrás.

Diez horas para enmendar, y ni un segundo para afrontar lo hecho.

Yo hoy vomito mi dolor, termino de matar lo que siento, y paso de página.

“No hay tiempo para los cobardes”.

Te quiero mucho, pero me quiero más.

 


Cuadro dentro de cuadros.

            Llegas por mí,
a un sitio inesperado.
                                
Tus labios tienen un fin.
Después de los ensayos.


Te toca actuar,
más que actuar.
Hay más de mí,
en un mundo encerrado.
Rompe el cristal.
Se vivir y es
merodear entre tantos ojos.



Leer, deletrear,
Aquel, real mensaje entre líneas.


De oírte hablar.
De gritarte al oído,
de eso habla el relato.
Y hay cosas que siempre guardo.


Todo es así.
Cuadros dentro de cuadros.
Siempre un final si fin.
Después de un nuevo ensayo.



Te toca actuar,
más que actuar.
Hay más de mí,
en un mundo encerrado.
Rompe el cristal.
Se vivir y es
merodear entre tantos ojos.



Leer, deletrear,
aquel, real mensaje entre líneas.


De oírte hablar,
de gritarte al oído,
de eso habla el relato.


Y hay cosas que siempre guardo, para mí.






















Tristeza surrealista.

Deconstructora de emociones.

Vertedero de vibraciones disipadas. Marcando el ritmo de agridulces lágrimas, reflotan dolores que refrendan mí vertiginosa alma.  


Sigo aquí.


A riesgo de no saber si me vas a esperar. Llaga que traspasa mi insistente latir, certeza de que no vas a dejarte alcanzar.


Tierna dulzura ultimada.


Te perdí entre soles lejanos. Entre arena fría y grises nubes. Borroso azul de tiempos inmaculados.



Nuestro tiempo no ha muerto.


Esperanza marchita en manos agotadas. Eterna violencia enmascarada. Solo persiste en el sosiego de recuerdos abandonados.