Sin ti, no hay mañana.


 ¿Cómo te hago entender, hermosa mía, 
que si sólo existo es por vos, por tu sonrisa? 
Merito no tengo, y en contra de una realidad avanzada, 
resulta impropio dar a luz a convenciones lejanas.

Perenne tentación.

Las perlas de donde brota la luz de tu alma, 
son mi impulso vital. Permanecer en ese mar gris, 
la salvación más dócil. 
Acortar la distancia, empresa frustrada.

Dulce e incesante victoria.

La endeble aptitud de perseverar 
en este océano de mediocridad, 
trasmuta y me eleva, favor de tu sola existencia.
GEORGES BRAQUE
(1881 - 1963)
Nívea amalgama de incertidumbres mal simuladas. 


Ambigua sedición.

Mis horas pobres de sentido, 
cobran vida cuando el dorado de tus cabellos
 hace triunfal entrada.  El sinfín desbocado
de emociones solo logra ensordecer mis palabras.

Delirio en alas.

Derecho no tengo, a sentirme amada. 
Pero tu simple sonrisa, acaricia mi esencia fatigada. 
En el nacimiento de una eternidad mal pactada,
el gesto infortunio, es una derrota ya anunciada.

Infinito absurdo.

Sin respuestas claras, hilvanar ideas,  
desenmarañar sentidos, es una tarea vacua. 
Me facilitan el existir y me complican las madrugas.


 Sin ti, no hay mañana.







Suspiro...

Congestionada de alcohol y recuerdos,
espero.

Entre el humo y la nostalgia,
siento.

Temblando de impotencia y recelo,
suspiro.

Tus manos me rescatan,
tus labios me ahogan y
tu alma
sólo hace silencio.