Suspiro
descarnado, abrazador destello, brotando como estepa matutina, trayendo desde
recuerdos errados, el vaivén cerrado de tu agitado pecho.
Retomando los trazos tibios, del marcado olor de tu ausencia, va abriendo paso a los sentidos, la suave magia de tu carmín. Tu alma remisa, surca discrepando, ese dejo de melancolía, que te trasluce verdadera.
Jugando a descifrarte, desespero por no poder sentirte completa. Sabiendo que floreces vertiginosamente, cual fuego frágil inmanejable, entre miles de sombras que procuran opacarte, te imagino ofrendándote tiernamente entre mis brazos.
Caricias perdidas, audaz mirada rutilante, embriagándome de tu esencia, desoigo la distancia que intenta sesgarme. Me niego a inclinarme serena, ante esta soledad apabullante.
Y aunque ya no se me permite volar en redor, sigo presa de coloridos cristales rotos. Marchita estampa, delineando esta nefas frontera, de mar abierto y cielo profano, que no logra enjaularme.
Esta es mi pétrea tortura, observarte única, perdida entre mis sueños, sabiendo que solamente a ti podre amar, profundamente.

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