¿Cómo
te hago entender, hermosa mía,
que
si sólo existo es por vos, por tu sonrisa?
Merito no tengo, y en contra de una
realidad avanzada,
resulta impropio dar a luz a convenciones
lejanas.
Perenne tentación.
Las perlas de donde brota la luz de tu
alma,
son mi impulso vital. Permanecer en ese
mar gris,
la salvación más dócil.
Acortar la distancia, empresa frustrada.
Dulce e incesante victoria.
La endeble aptitud de perseverar
en este océano de mediocridad,
trasmuta y me eleva, favor de tu sola
existencia.
Ambigua sedición.
Mis horas pobres de sentido,
cobran vida cuando el dorado de tus
cabellos
hace triunfal entrada. El
sinfín desbocado
de emociones solo logra ensordecer mis
palabras.
Delirio en alas.
Derecho no tengo, a sentirme amada.
Pero tu simple sonrisa, acaricia mi
esencia fatigada.
En el nacimiento de una eternidad mal
pactada,
el gesto infortunio, es una derrota ya
anunciada.
Infinito absurdo.
Sin respuestas claras, hilvanar ideas,
desenmarañar sentidos, es una tarea
vacua.
Me facilitan el existir y me complican las
madrugas.
Sin ti, no hay mañana.

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