Hoy
nuevamente el sol quema esa herida, en la que inútilmente intento no pensar. Quisiera
tener la sincera facultad de trasmitirte lo que estas esperando escuchar. Pero
no me nace. Sé cuál es tu necesidad, y me agobia no poder darte respuestas. Esas
que te fijaste como meta, hasta con fecha de caducidad. Te percibo buscando vanamente
en mis modos, frustrándome ante tu pesar. Seguís a la espera idealista, de
querer algo que no sé cómo administrar.
No es que
no quiera. Créeme, no tengo la naturaleza de albergar esperanzas ajenas. La
vida se encargó de formarme así, en soledad. Y no supongas que no me duele, me quiebra
el saberte pendiente de algo, que no sabes si alguna vez vendrá.
Daría un
trozo de mi alma, por sentirte conforme, por llenar esos huecos que crees que
puedo ocupar. Amoldarme a la imagen que creaste de mí, es una de las causas de
mi insomnio.
Y no puedo
traicionarme, fingir no está entre mis formas, menos ante quienes me regalan la
dicha de poder compartir tramos de esta rara existencia. Jamás prometí nada, y
aunque es cierto, jamás pronunciaste un deseo en particular, la honda tristeza
de tus ojos me lapidan, y cada suspiro hondo, ante la falta de las palabras que
deseas, laceran un poco más mi magullado corazón.
Este
claridad matinal, deja visible que seguir con esta tortura mutua, yo no tiene
sentido. Pero no queres escuchar. Seguís pretendiendo que nada pasa, cuando sabes
que nada va a pasar. Y ante esta rutina de una farsa de gestos mal
entendidos, con pretención de llegar a ser mal recepcionados, dolorosamente admito que no me queda otra, que seguir la cobarde
costumbre de huir, una vez más.

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