Hace mucho que no escribo para mí.
Hace mucho que no siento esta
tristeza, la de perder, la del dolor cargado de pesar.
Hace muchos instantes me
prometí quererme lo suficiente como para no volver a sufrir, sino era
necesario.
Un instante.
Una respuesta mal dada, un
grito silenciado, una ausencia más.
La suma de pequeñas heridas
terminó por sentenciar el "hasta aquí llegué".
Cerrar la puerta no fue difícil.
Explicarme sin ahogarme entre lágrimas,
segundos previos a dejarte partir fue una tortura.
Quedar de espaldas a esa puerta
cerrada, mirando la ventana compartida minutos antes, entre el humo de dos
cigarrillos en silencios, fue el principio del fin.
No más.
No creo en segundas
oportunidades, sin embargo, se te concedieron un millón, y fallaste en cada
una. Ya no quedan más escusas, más instantes a recuperar.
Te llevaste todo. No dejaste nada.
Y aun sabiendo lo que hacías, no
diste nunca un paso atrás.
Diez horas para enmendar, y ni un
segundo para afrontar lo hecho.
Yo hoy vomito mi dolor, termino
de matar lo que siento, y paso de página.
“No hay tiempo para los cobardes”.
Te quiero mucho, pero me quiero más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario