La Comunidad
Organizada
General Juan
Domingo Perón
Capítulo I
EL HOMBRE Y LA SOCIEDAD ENFRENTAN
UNA PROFUNDA CRISIS DE VALORES
QUE REGISTRA SU EVOLUCIÓN
Está
en nuestro ánimo la absoluta conciencia del momento trascendental que vivimos.
Si la historia de la humanidad es una limitada serie de instantes decisivos, no
cabe duda que gran parte de lo que en el futuro se decida a ser dependerá de
los hechos que estamos presenciando. No puede existir a este respecto divorcio
alguno entre el pensamiento y la acción, mientras la sociedad y el hombre se
enfrentan con la crisis de valores más profunda acaso de cuantas su evolución
ha registrado.
LA INQUIETUD INTELECTUAL
HA
LLEGADO A UN MOMENTO DECISIVO
Las
conclusiones de los congresos últimamente celebrados en el mundo prueban en
cierto modo la universalidad de esta persuasión. El Congreso Internacional de
Roma de 1946, el III Congreso de las Sociedades de Filosofía de Lengua Francesa
de Bruselas en 1947, el de Edimburgo de 1948 y el de Amsterdam evidencia que la
inquietud intelectual ha llegado a un momento decisivo.
EL DISTANCIAMIENTO
ENTRE LA ACCION DEL PENSAMIENTO Y LA VIDA DE LOS PUEBLOS
Es
posible que la acción del pensamiento haya perdido en los últimos tiempos
contacto directo con las realidades de la vida de los pueblos. También es
posible que el cultivo de las grandes verdades, la persecución infatigable de
las razones últimas, hayan convertido a una ciencia abstracta y docente por su
naturaleza en un virtuosismo técnico, con el consiguiente distanciamiento de
las perspectivas en que el hombre suele desenvolverse.
LA AUSENCIA DE TESIS FUNDAMENTALES
Acaso
sobre el gran fondo filosófico que es la VERDAD haya prevalecido una cuestión
de tendencias, ajenas al ansia de conocimiento a cuya satisfacción debería
consagrarse toda la fuerza creadora. En ausencia de tesis fundamentales
defendidas por la perseverancia debida, surgen las pequeñas tesis, muy capaces
de sembrar el desconcierto.
Capitulo II
EL HOMBRE PUEDE DESAFIAR CUALQUIER MUDANZA SI SE HALLA ARMADO
DE UNA SOLIDA VERDAD
Los
problemas sustantivos no han sido resueltos en el tiempo, tal vez porque existe
un problema y una verdad demostrable para cada generación. Quizá, para cada
generación sean siempre los mismos problemas y tal verdad.
LA IMPORTANCIA DE LAS VIEJAS VERDADES CENTRALES
Los
griegos de Sócrates se formulaban grandes preguntas: el ser, el principio, la
virtud, la belleza, la finalidad, y trataron de formular debidamente sus tablas
de Moral y sus principios de Etica. No es lícito dar tales problemas por
juzgados para permitirnos después extraviar al hombre – que ignora las viejas
verdades centrales – con nuevas verdades superficiales o con simples sofismas.
El hombre está hoy tan necesitado de una explicación como aquellos para quienes
Sócrates, tantos siglos atrás, forzaba sus problemas.
A
los pueblos han sido descubiertos hechos de asimilación no enteramente
sencilla. Se ha persuadido al hombre de la conveniencia de saltar sin
gradaciones de un idealismo riguroso a un materialismo utilitario; de la fe a
la opinión, de la obediencia a la incondición.
LA CONQUISTA DE LA LIBERTAD NO FUE ACOMPAÑADA DE UNA
REESTRUCTURACION DE SUS COROLARIOS
La
libertad, conquista máxima de las edades modernas, no se produjo acompañada de
una previa reestructuración de sus corolarios. Es posible que hubiese cierta
improvisación en tal victoria, porque siempre resulta difícil establecer el
orden entre las tropas que se apoderan de una ciudad largamente asediada.
EL MATERIALISMO PRACTICO REDUJO
LAS PERSPECTIVAS INTIMAS DEL HOMBRE
La
edad del materialismo práctico, por otra parte, ha correspondido con un
gigantesco progreso económico. Una de sus características ha sido la de reducir
las perspectivas íntimas del hombre. Este no posee la misma medida de su personalidad
a la sombra del olmo bucólico que junto al poderío estruendoso de la máquina.
Debemos
preguntarnos si, al sobrevenir las radicales modificaciones de la vida moderna,
se produjeron las oportunas orientaciones llamadas a equilibrar al hombre
conmovido por la violenta transición al espíritu colectivo.
EL HOMBRE PUEDE DESAFIAR CUALQUIER
CONTINGENCIA SI SE HALLA
ARMADO DE UNA SOLIDA VERDAD
Preclaros
cerebros han intentado advertir al mundo del peligro que supone que el hecho no
haya tenido un prólogo ni una preparación; de que no se haya adaptado
previamente el espíritu humano a lo que había de sobrevenir. El hombre puede
desafiar cualquier contingencia, cualquier mudanza, favorable o adversa, si se
halla armado de una verdad sólida para toda la vida. Pero si ésta no le ha sido
descubierta al compás de los avances materiales, es de temer que no consiga
establecer la debida relación entre su yo, medida de todas las cosas, y el
mundo circundante, objeto de cambios fundamentales.
EL SENTIDO DE LA FILOSOFIA
En
tal coyuntura la filosofía recupera el claro sentido de sus orígenes. Como
misión pedagógica halla su nobleza en la síntesis de la verdad, y su proyección
consiste en un "iluminar", en un llevar al campo visible formas y
objetos antes inadvertidos; y, sobre todo, relaciones. Relaciones directas del
hombre con su principio, con sus fines, con sus semejantes y con sus realidades
mediatas.
De
los elevados espacios donde las razones últimas resplandecen, procede la norma
que articula al cuerpo social y corrige sus desviaciones.
Capítulo III
SI LA CRISIS MEDIEVAL CONDUJO AL RENACIMIENTO, LA DE HOY,
CON EL HOMBRE MAS LIBRE Y LA CONCIENCIA MAS CAPAZ, PUEDE LLEVAR A UN RENACER
MAS ESPLENDOROSO.
Entra
en lo posible que las tradiciones muertas no resuciten. Si el pensamiento
humano, considerado como tesoro de conceptos, se mira a través del ritmo
vertiginoso y febril de la vida actual, puede que aparezca como un campo
desolado, escenario de patéticas batallas. Es posible también que muchas
tradiciones caídas no sean adaptables al signo de la presente evolución y que
otras hayan perdido incluso su objeto. En cierto modo era éste el panorama de
la humanidad en los albores de la Edad Media: se consideraban suficientemente
definidas algunas verdades, pero aun éstas aparecían cerradas y custodiadas, y
el pueblo se alimentaba sólo de fe. La verdad socrática, la platónica y la
aristotélica no fueron textos prácticos para e medioevo que había perdido, en
el fragor de una terrible crisis, todo contacto con la continuidad intelectual
del pasado. Es cierto que no resucitaron entonces muchas tradiciones, pero con
los restos de naufragio, el pensamiento humano elaboró, a la luz de la fe, que
es indeclinable, una nueva mística, con un nuevo contenido.
El
Renacimiento prueba que el camino es un factor asequible al hombre en todo
momento. No es el rigor de nuestra crisis el que debieron arrostrar las islas
pensantes de la Edad Media: el nuestro es, simplemente, un rigor de otra clase.
No tiene ante sí, o no cree tenerlo, un infinito. No da la sensación de
producirse para el tiempo, sino para el momento.
LA RAPIDEZ DE LA EVOLUCION SOCIAL Y ECONOMICA
HA TRASTORNADO LA CONCIENCIA
Se
diría de algunos que les preocupan menos las verdades que las apariencias, y
menos la visión de lo último y lo general que lo inmediato y personal. La
marcha fatigosa y rápida de la evolución social, como de la económica, han
trastornado los habituales paisajes de la conciencia.
LA CONQUISTA DE LOS DERECHOS COLECTIVOS NO HA MEJORADO EN
EL HOMBRE LA PERSUASION DE SU PROPIO VALER.
No
es frecuente hallar seres que posean una perspectiva completa de su jerarquía.
La conquista de derechos colectivos ha producido un resultado ciertamente
inesperado: no ha mejorado en el hombre la persuasión de su propio valer. Esa
miopía para la nobleza de los valores procede, posiblemente, de una deficiente
pedagogía.
UN RENACIMIENTOMAS LUMINOSO QUE EL ANTERIOR
Caracteriza
a las grandes crisis la enorme trascendencia de su opción. Si la actual es
comparable con la del medievo, es presumible que dependa de nosotros un
Renacimiento más luminoso todavía que el anterior, porque el nuestro, contando
con la misma fe en los destinos, cuenta con un hombre más libre y, por lo
tanto, con una conciencia más capaz.
El
gran menester del pensamiento filosófico puede consistir, por consiguiente, en
desbrozar ese camino, en acompasar ante la expectación del hombre el progreso
material con el espiritual.
Capitulo IV
LA PREOCUPACION TEOLOGICA
LA NECESIDAD HUMANA DE HALLAR EXPLIACIONES ULTIMAS
La
primera preocupación fue necesariamente la teológica. El conocimiento precisaba
luz con que enfocar los objetivos, o un espacio iluminado donde situarlos para
su examen posterior. El Origen era el factor supremo y natural de este proceso
previo. Las inquietudes teológicas satisfacían en parte una necesidad primaria
y, después, condicionaban categóricamente toda otra traslación de juicio sobre
el existir.
La
cultura condujo a distinguir con mayor claridad las relaciones existentes entre
lo sobrenatural y el conocimiento; pero el carácter de aquella necesidad era
consustancial al alma humana, como vocación de explicaciones últimas o como una
conciencia de hallarse encuadrada en un orden superior. Las comunidades más
avanzadas razonaban sobre el problema y, a su modo, llegaron a humanizar en una
mitología su presentimiento, mientras que las atrasadas, necesitadas igualmente
de una explicación, adoraron al Ser Supremo en las cosas y objetos inanimados.
Respecto a la explicación de ese estado de necesidad, unido a la razón
teológica por impalpables vínculos, y por lo que toca a señalar su vigencia, es
indiferente la visión especificada de las razas o grupos superiores o la
tendencia primitiva y panteísta de las tribus; ambas prueban, por igual, el
carácter de esa necesidad.
LA BUSQUEDA DEL PRINCIPIO ABSOLUTO
Lo
inexplicado residía sobre objetos distintos, porque antes de que otras
tradiciones estableciesen conceptos terminantes sobre una inquietud universal
se optaba sólo sobre el objeto de veneración. Así los eleatas ensayaban un
principio de adoración en torno a su ser sustancial e inmutable y, en el
mecanismo de Demócrito, opera en la teoría sobre el movimiento de los átomos
actuantes lo que él creía una explicación material plausible a un problema formulado
de un modo general. Para Parménides hay ya un solo Dios, el mayor entre los
dioses y los hombres, que ni en su figura ni en su pensar se parece a los
mortales.
La
humanidad empezaba a escrutar ambiciosamente el silencio de los cielos. El
pensamiento no se conformó con la alegre orgía de los dioses mitológicos. Lo
que el hombre no podía hallar en la corte de Zeus, ejemplaridad y principios
absolutos, debía buscarlo por otros caminos. Platón, en el Eutifrón, concretará
más tarde ese "estar alerta" de Sócrates ante la máxima virtud,
considerada como resplandor de un Ser fuente del orden cósmico. El abismo de la
Teogonía de Hesíodo y el apeiron, lo ilimitado, de Anaximandro, empezaban a
poblarse de luz ante la inquieta pupila humana. La fuerza que genera en lo
infinito será al principio el Amor, símbolo inmediato de la acción de crear
asequible a nuestros sentidos, y más tarde su representación última en la
Omnipotencia.
LA DIVINIDAD COMO MEDIDA DE TODAS LAS COSAS
¿Quién
es Dios para que le ofrezcamos sacrificios?, pregunta el Rig-Veda. Padre del
Universo, Prajapati, llama a este ser, al que todo parece subordinado. Idéntica
preocupación se nos formula en el logos griego, la palabra primera, la primera
voz, fuerza que encabeza posteriormente el Antiguo Testamento. Era necesario
ese "verbo" para diferenciar a su luz el bien del mal, como era
necesario Prajapati pare reconocer luego en su poder el atman hindú, el alma,
el "yo mismo".
Cuando
Platón afirma que Dios es la medida de todas las cosas, cobra altura el hombre
medida de todas las cosas de Protágoras, porque entre ellas se hallan muchas a
las que el hombre no halla en la Naturaleza una explicación razonable. Muchos
siglos después, un ilustre cerebro había de explicar con admirable sencillez el
proceso de esa inquietud. No tenía necesidad por cierto de apoyarse Víctor Hugo
en la teoría de los druidas, dos mil años antes de Jesucristo, según los cuales
"las almas pasan la eternidad recorriendo la inmensidad"" para
preguntar, sobre la necesidad de un orden supremo, lo siguiente: ¿Y no hay
Dios? ¿Cómo el hombre, perecedero, enfermo y vil, tendría lo que le falta al
universo? ¡La criatura llena de miserias tendría más ventajas que la creación
llena de soles! ¡Tendríamos un alma y elmundo no! El hombre sería un ojo
abierto en medio del universo ciego. ¡El único ojo abierto! ¿Y para ver qué?
¡La nada!
No
es imposible distinguir en esas frases la enunciación feliz del problema del
pensamiento antiguo.
Capítulo V
LA FORMACION DEL ESPIRITU AMERICANO Y LAS
BASES DE LA EVOLUCION IDEOLOGICA UNIVERSAL
Cuando
el Renacimiento lucha por levantar de las ruinas los valores sustanciales no se
apoya sólo en la Revelación, ni en la disposición religiosa congénita del
hombre. El camino abierto por los griegos será método para los escolásticos y
punto de referencia para la reacción posterior. El Credo ut intelligam de Santo
Tomás informa toda una Edad humana.
EL PLANTEO DEL FIN ULTIMO DE LA ESENCIA Y LA EXISTENCIA
Centra
sobre un fin la esencia y el existir; condiciona una ética y una moral y,
acaso, por primera vez, se relaciones con ésta en jerarquía de necesidad, el
libre albedrío, la libertad de la voluntad, como requisito de la Moral. La
tomística, cualquiera que sea el curso ulterior del pensamiento, centró al
hombre en un momento decisivo ante un panorama hasta entonces confuso. Lo
centró con poder suficiente para negar los propios principios de que esta
situación procedía. En cierto modo, los adversarios del tomismo, por lo que a
la definición de los valores humanos respecta, son fruto suyo.
LA ESTRUCTURACION DE UNA ESCALA DE VALORES
Cuando
el romanticismo de Spinoza califica a lo Supremo de sustancia del Universo, se
halla estructurado ya un mundo de valores que servirá a la humanidad para
lanzarse a uno de sus más tremendos y eficaces esfuerzos. Lo planteado habrá
sido la crisis del espíritu europeo, la formación del espíritu americano y la
evolución ideológica posterior. A través de las ideas religiosas del
Renacimiento y de principios de la Edad Moderna el hombre recibe del
pensamiento helénico, como Israel desde el Sinaí, una tabla de valores, al
situar al ser humano ante Dios, fue definir la jerarquía del hombre.
EL NACIMIENTO DE LA CIENCIA MODERNA
Poco
después, Descartes habrá desviado el ancho y ambicioso cauce con sentido
vertical, para ofrendar a una ciencia naciente y progresista la preocupación
inicial del mundo antiguo. El "pienso, luego existo", dará como
supuesto previo un orden, una naturaleza establecida, un hombre. Y será
indiferente a esta enunciación la pertinaz pregunta última del hombre.
La
filosofía empezará a fragmentarse; aparecerá una alta especulación científica,
consumada en especialidades, dorada por los profundos intentos del racionalismo
kantiano, y otra de matices más prácticos, más directos, pero de contenido
inferior. En adelante, las preocupaciones serán inmediatas o específicas.
No
existe punto ninguno de contacto entre los problemas de Sócrates y los de
Voltaire. La tendencia ha cambiado de dirección. Lo que era movimiento vertical
es ahora traslación horizontal.
EL PROGRESO MATERIAL Y LA PERDIDA
DE LAS PERSPECTIVAS DE FONDO
Compte
verifica a un hábil escamoteo de objetivos sustituye el culto de Dios por el
culto de la humanidad. Será, rigurosamente, el principio de una edad distinta,
pero, entendámonos, de una mutación históricamente necesaria y útil.
Se
opera una revolución total, grandiosa en sus aspectos materiales, pero tal vez
mal acompañada de una visión, correcta de las perspectivas de fondo. Estas
empiezan a esfumarse de las operaciones intelectuales y con ellas se esfuma
insensiblemente y progresivamente también la medida del hombre; la que éste
poseía de su situación y de las cosas, a través de sí, como reflejo de fuerzas
superiores. El progreso se acentúa en la técnica y en el movimiento social,
pero no se puede decir que vigorice por sí solo parcelas íntimas antaño regadas
por la intuición de las magnitudes cósmicas.
Capítulo VI
LA REALIZACION PERFECTA DE LA VIDA
LA TEORIA BIOLOGICA DE LA EVOLUCION
Cuando
llegamos a Darwin y a sus conexiones con la filosofía advertimos de pronto que
estamos ya muy lejos del mundo de Sócrates y sus figuras pensantes. La
evolución se nos ofrece como una teoría biológica que no desease sostener trato
de ninguna especie con otro linaje de cuestiones. Y por debajo del mundo
científico se plantea el problema de si el alma humana puede digerir la
sustitución de su culto elemental y tradicional, por una exégesis puramente
científica.
NO ES POSIBLE FUNDAR SOBRE UNA LEY TECNICA
UNA NUEVA ETICA Y UNA NUEVA MORAL
El
último término, ésta orientación no nos produce resultados positivos en orden a
la organización de la vida común. No podemos deducir de ella el clima de una
nueva Etica y mucho menos el de una nueva Moral. Es un problema biológico lo
preferido; un suceso de orden físico, del que es más difícil extraer
consecuencias para la vida espiritual de los pueblos. No es posible fundar
sobre una ley técnica, desconectada de las razones últimas, una ley positiva,
ni siquiera un tratado de buenas costumbres.
Elevada
una explicación semejante a lo general, el hombre, la sociedad o el Estado, se
ven obligados a inventar de pronto una escala nueva de valores, una nueva
Moral. En el apogeo de una edad de ambiciones materiales, después de un largo
espacio, casi siglo y medio, de desechar todo razonamiento metafísico, el
pensamiento no sabe permanecer indefinidamente refugiado en criterios
marginales, ni gusta de trasladar sus cultos para proveerse de los mismos
resultados.
Desde
una esfera rectora, al considerar la posibilidad de proveer a los pueblos de
buenas condiciones materiales de vida, el problema deja de ser abstracto para
convertirse en una necesidad apremiante. El hombre, que ha de ser dignificado y
puesto en camino de obtener su bienestar, debe ser ante todo calificado y
reconocido en sus esencias.
Capítulo VII
LA REALIZACION PERFECTA DE LA VIDA
La virtud socrática
Entendemos
en la virtud socrática la realización perfecta de la vida. Esto es: comprensión
de la propia personalidad y del medio circundante que define sus relaciones y
sus obligaciones privadas y públicas.
LA ACTITUD ESCEPTICA
Cuando
Leibniz nos dice: Quien lo hubiera contemplado todo, lo lejano y lo cercano, lo
propio y lo extraño, lo pasado y lo futuro, con la misma claridad y distinción,
con lo cual por supuesto desaparecería la diferencia de cercano y lejano,
propio y extraño, pasado y futuro, ese tal, libre de pecado, sólo querría y
realizaría el bien, alude al arquetipo de virtud que puede producir el desdén
ante lo perecedero.
No
sería una actitud, sino una escéptica o una apostólica inhibición.
LA VIRTUD ACTUANTE Y BATALLADORA
La
virtud socrática era actuante, tan batalladora como había de ser después la
cristiana; contemplaba el mundo práctico y lo sabía lleno de tentaciones y
dificultades.
Virtuoso
para Sócrates era el obrero que entiende en su trabajo, por oposición al
demagogo o a la masa inconsciente. Virtuoso era el sabedor de que el trabajo
jamás deshonra, frente al ocioso y al politiquero.
EL IDEAL DEL HOMBRE
En
el Eutifrón nos dice Platón que no hay una virtud específica, un ideal
específico para cada cual, sino un ideal del hombre, que no es acaso más que
una disposición para resolver las ecuaciones vitales con arreglo a una
estimativa ética.
Capítulo VIII
LOS VALORES MORALES HAN DE COMPENSAR LAS EUFORIAS
DE LAS LUCHAS Y LAS CONQUISTAS Y OPONER UN MURO
INFRANQUEABLE AL DESORDEN
El
bien y el mal obran sobre el hombre como sobre la sociedad. De lo individual a
lo colectivo sus momentos oscilan entre arrebatos místicos y paroxismos
pavorosos. Una postura moral procedente de un fondo religioso sólido o de una
refinada educación ética intenta estipular los límites entre posibles y
tentadores extremos. El hombre, en la desgracia, tiende a la introversión como
tiende la extroversión en la prepotencia. La duda y la soberbia son los
extremos máximos de esa oscilación, producida en ausencia de medidas
suficientes.
LA PREPARACION MORAL DE LOS PUEBLOS
La
ciencia puede resolver en la abstracción los problemas partiendo de premisas
igualmente abstractas, pero en la vida de las comunidades los efectos de esas
oscilaciones suelen ser muy otros. Cuando un pueblo se aproxima a un momento
grave, sus cerebros de primera fila se preguntan si el ánimo estará debidamente
preparado para las horas que se avecinan.
Pues
bien: es forzoso plantearse la misma pregunta cuando se trata de llevar a la
humanidad a una edad mejor, Incumbe a la política ganar derechos, ganar
justicia y elevar los niveles de la existencia, pero es menester de otras
fuerzas.
LAS FUERZAS MORALES DEBEN CREAR UN CLIMA DE VIRTUD HUMANA
APTO PARA LO CONQUISTADO
Es
preciso que los valores morales creen un clima de virtud humana apto para lo
conquistado, lo debido. En ese aspecto la virtud reafirma su sentido de
eficacia. No será sólo el heroísmo continuo de las prescripciones litúrgicas;
es un estilo de vida que nos permite decir de un hombre que ha cumplido
viariamente los imperativos personales y públicos: dio quien estaba obligado a
dar y podía hacerlo, y cumplió el que estaba obligado a cumplir.
ESA VIRTUD NO CIEGA LOS CAMINOS DE LA LUCHA
PERO SE OPONE AL DESORDEN
Esa
virtud no ciega los caminos de la lucha, no obstaculiza el avance del progreso,
no condena las sagradas rebeldías, pero opone un muro infranqueable al
desorden.
Capítulo IX
EL AMOR ENTRE LOS HOMBRES HABRIA CONSEGUIDO MEJORES
FRUTOS EN MENOS TIEMPO DEL QUE HA COSTADO
A LA HUMANIDAD LA SIEMBRA DEL RENCOR
Necesariamente
ha debido ser larga la época de la revolución social, a la que caracterizó un
adusto ceño. Todavía no puede considerársela realizada, pero es preciso que
aquella interpretación de la virtud socrática esparza, junto a la conciencia de
la dignidad humana, otra clase de valores. Junto al imprativo categórico
kantiano se ofrece al mundo un campo ilimitado. Obra en todo momento como si
las máximas de tu conducta particular debieran convertirse en leyes generales.
Kant proclamó ante la expectación de la humanidad un credo que sólo podría
hallar precedentes en los principios cristianos del amor mutuo, con la
diferencia de que en este caso la enunciación afecta el rigor de la disciplina.
El
trasladar a lo colectivo lo que se desea en lo íntimo es insinuar la superación
de cuanto hubo de aislamiento y desdén en una época de gloriosos intentos.
LAS ALTERNATIVAS EN EL PREDOMINIO DEL AMOR Y DEL ODIO
ENGENDRAN LOS DIVERSOS PERIODOS EN EL MUNDO
Leemos
en Empédocles que las alternativas en el predominio del amor y del odio
engendran los diversos períodos en el mundo. Puede muy bien ser cierto, aunque
Empédocles no buscase la misma conclusión, porque la humanidad ha conocido
entre épocas de odio otras de un vivir con los brazos abiertos hacia todas las
posibilidades de la humana naturaleza. Bajo ese imperio de místicos frutos se
vislumbran mundos nuevos, se educan nacientes nacionalidades, se destruyen las
barreras.
Pero
es sintomático que tales resultados se hayan obtenido sólo ante la presencia de
un enemigo común y de un modo poco duradero: una desolada experiencia armó la
tesis del pesimismo.
LOS FRIOS RESPLANDORES DE LA RAZON
QUE CONDUCEN HACIA EL MATERIALISMO
Algo
falla en la naturaleza cuando es posible concebir, como Hobbes en el Leviathan,
al Homo hominis lupus, el estado del hombre, todos contra todos, y la existencia
como un palenque donde la hombría puede identificarse con las proezas del ave
rapaz. Hobbes pertenece a ese momento en que las luces socráticas y la
esperanza evangélica empiezan a desvanecerse ante los fríos resplandores de la
Razón, que a su vez no tardará en abrazar al materialismo. Cuando Marx nos dice
que de las relaciones económicas depende la estructura social, y su división en
clases, y que por consiguiente la Historia de la humanidad es tan sólo historia
de las luchas de clases, empezamos a divisar con claridad, en sus efectos, el
panorama del Leviathan.
EL AMOR ENTRE LOS HOMBRES HABRIA CONSEGUIDO MEJORES
FRUTOS EN MENOS TIEMPO
No
existe posibilidad de virtud, ni siquiera asomo de dignidad individual, donde
se proclama el estado de necesidad de esa lucha que es, por esencia, abierta
disociación de los elementos naturales de la comunidad. Al pensamiento le toca
definir que existe, eso sí, diferencia de intereses y diferencia de
necesidades, que corresponde al hombre disminuirlas gradualmente, persuadiendo
a ceder a quienes pueden hacerlo y estimulando el progreso de los rezagados.
Pero
esa operación – en la que la sociedad lleva ocupada con dolorosas vicisitudes
más de un siglo – no necesita del grito ronco y de la amenaza, y mucho menos de
la sangre, para rendir los apetecidos resultados. El amor entre los hombres
habría conseguido mejores frutos en menos tiempo, y si halló cerradas las
puertas del egoísmo, se debió a que no fue tan intensa la educación moral para
desvanecer esos defectos, cuanto lo fue la siembra de rencores.
Capítulo X
EL GRADO ETICO ALCANZADO POR UN PUEBLO IMPRIME RUMBO AL
PROGRESO, CREA EL ORDEN Y ASEGURA EL USO FELIZ DE LA LIBERTAD
Esa
virtud nos sitúa de plano en el campo de lo ético. La actitud se enfrenta con
el mundo exterior. Se trata de ver hasta qué punto es susceptible de
perfeccionar los módulos de la propia existencia.
Aristóteles
nos dice: El hombre es un ser ordenado para la convivencia social; el bien
supremo no se realiza, por consiguiente, en la vida individual humana, sino en
el organismo superindividual del Estado; la Etica culmina en la política.
NUESTRA VIRTUD NO ES PERFECTA HASTA SER COMPLETADA POR
ESA ETICA QUE MIDE LOS VALORES PERSONALES
El
proceso aristotélico nos lleva un punto más lejos del proyectado. Deseamos
referirnos sólo a la imposición de la convivencia sobre las proyecciones de la
actitud individual. Nuestra virtud no es perfecta hasta ser completada por esa
ética, que mide los valores personales.
La
vida de relación aparece como una eficaz medida para la honestidad con que cada
hombre acepta su propio papel. De ese sentido ante la vida, que en parte muy
importante procederá de la educación recibida y del clima imperante en la
comunidad, depende la suerte de la comunidad misma.
LA IMPORTANCIA DEL SENTIDO ETICO EN LOS PUEBLOS
Habrá
pueblos con sentido ético y pueblos desprovistos de él; políticas civilizadas y
salvajes; proyección de progreso ordenado o delirantes irrupciones de masas. La
diferencia que media entre extraer provechosos resultados de una victoria
social o anegarla en el desorden, corresponde las dosis de ética poseídas.
Tales
dosis caracteriza los diversos período de la Historia. Hacen glorioso el
triunfo y soportable el fracaso; atenúan las calamidades; prestan fuerzas de
reserva.
EL PROGRESO ESTA EN ABSOLUTA RELACION DE DEPENDENCIA
CON EL GRADO ETICO ALCANZADO
El
progreso está, por lo demás, en absoluta relación de dependencia con el grado
ético alcanzado: establece la moral de las leyes y puede interpretarlas sabiamente.
Para la vida pública esto significa el orden, la acción y el uso feliz de la
libertad.
Permítaseme
decir que la libertad posee carta de naturaleza en los pueblos que poseen una
ética, y es transeúnte ocasional donde esa ética falta. Santo Tomás dice: La
libertad de la voluntades un supuesto de toda moral; solamente las acciones
libres, derivadas de una reflexión racional, son morales. Es cierto que sólo
esas acciones pueden alcanzar el calificativo de morales cuando se han
producido con arreglo a ciertos requisitos.
ES IMPOSIBLE IMAGINAR UNA VIDA LIBRE SIN PRINCIPIOS
ETICOS
La
libertad fue primariamente sustancia del contenido ético de la vida. Pero, por
lo mismo, nos es imposible imaginar una vida libre sin principios éticos, como
tampoco pueden darse por supuestas acciones morales en un régimen de
irreflexión o de inconsciencia.
Capítulo XI
EL SENTIDO ULTIMO DE LA ETICA CONSISTE EN LA CORRECCION
DEL EGOISMO
Spencer
nos dice que el sentido último de la Etica consiste en la corrección del
egoísmo.
El
egoísmo que forjó la lucha de clases e inspiró los más encendidos anatemas del
materialismo en al mismo tiempo sujeto último del proceder ético. Corresponde
seguramente una actitud ante esa disposición cerrada que produce la
sobrestimación de los intereses propios. La enunciación de tal cosa corresponde
en la Historia a una sangrienta y dura evolución cuyo fin no podemos decir que
se haya alcanzado aún.
EL EGOISMO DE LOS QUE TODO LO TIENEN
Si
la felicidad es el objetivo máximo y su maximación una de las finalidades
centrales del afán general, se hace visible que unos han hallado medios y
recursos para procurársela y que otros no la han poseído nunca. Aquéllos han
tratado de retener indefinidamente esa condición privilegiada, y ello ha
conducido al desquiciamiento motivado por la acción reivindicativa, no siempre
pacífica, de los peor dotados. El egoísmo estaba destinado, acaso por designio
providencial, a transformarse en motor de una agitada edad humana
EL EGOISMO ES LA AUSENCIA DE OTROS VALORES
Pero
el egoísmo es, antes que otra cosa, un valor negación, es la ausencia de otros
valores; es como el frío, que nada significa sino ausencia de todo calor.
Combatir el egoísmo no supone una actitud armada frente al vicio, sino más bien
una actitud positiva destinada a fortalecer las virtudes contrarias; a
sustituirlo por una amplia y generosa visión ética.
DEL DISFRUTE PRIVADO DEL BIENESTAR A LA DIFUSION DE ESE
DISFRUTE
Difundir
la virtud inherente a la justicia y alcanzar el placer, no sobre el disfrute
privado del bienestar, sino por la difusión de ese disfrute, abriendo sus
posibilidades a sectores cada vez mayores de la humanidad; he aquí el camino.
Capítulo XII
LA HUMANIDAD Y EL YO, LAS INQUIETUDES DE LA MASA
Cuando
Eurípides pone junto al yo clamante la masa que, desde el coro, expone las
inquietudes y pareceres colectivos, extiende junto al yo la dilatada llanura de
la humanidad. Descubre en ella un elemento perfecto de medición. El ser
individual halla su proporción vertical y horizontalmente.
Al
exponer Humboldt el ideal de humanidad se gesta, en el campo histórico, el
ideal del hombre universal, erigido en representante supremo de la
civilización. Comte lo cimentó al afirmar que la sociología es la base
necesaria de la Política. Hegel llevó a sus últimas consecuencias filosóficas
esa certera intuición. Afirmó del espíritu, que existe por si mismo, que sólo
podrá llegar el pleno ser en si en la medida en que el yo se eleve al nosotros
o, con sus palabras, al yo de la humanidad. El racionalismo poskantiano había
trasladado asimismo su campo visual desde el individuo a la sociedad, desde el
hombre a la humanidad.
LA EXPANSION DE LOS VALORES INDIVIDUALES HACIA LOS
CONTORNOS PUBLICOS
Los
chispazos de una revolución político-económica, con la erección del
industrialismo y el capitalismo, generados por el Progreso en las entrañas de
la Revolución liberal, provocaron la expansión de los valores individuales
hacia los contornos públicos, o mejor dicho, el contorno filosófico del ser
empezó a apreciarse mejor en su dintorno.
EL INDIVIDUO SE HACE INTERESANTE EN FUNCION DE SU
PARTICIPACION EN EL MOVIMIENTO SOCIAL
El
individuo se hace interesante en función de su participación en el movimiento
social y son las características evolutivas de éste las que reclaman atención
preferente. Para derribar las defectuosas concepciones de la etapa de los
privilegios fue necesario implacable desdoblamiento de la fortaleza-unidad del
individuo. Pero apresurémonos a reconocer que tal mutación debe considerar precedida
de una larga etapa teórica. La práctica corresponde a nuestro siglo y está en
sus comienzos.
DEL ESTADO DE NECESIDAD AL ESTADO DE LIBERTAD
Ello
tiene una explicación hasta cierto punto sencilla. Cuando decimos que el
tránsito efectuado derivó del viejo estado histórico de necesidad al moderno de
libertad, pensando mejor en el individuo que en la comunidad, enunciamos una
visión oblicua de la evolución. La etapa preparatoria, o teórica, de
realización del yo en el nosotros, fue, cabalmente, una fase apta para permitir
la cesión de los principios rectores que, sin caer todavía sobre la masa,
facilitaba a los grupos dirigentes al suspirado desplazamiento del poder.
LA PROCLAMACION DE LA LIBERTAD NO FUE PRECEDIDA POR UNA
ADECUACION DEL DISPOSITIVO SOCIAL
La
libertad entonces proclamada precisa un esclarecimiento si ha de considerarse
su vigencia. Si por sentido de libertad entendemos el acervo palpitante de la
humanidad, frente al estado de necesidad dictado por el imperio indiscutido de
una fracción electoral, deberemos plantearnos inmediatamente su problema
máximo: su incondición, y, sobre todo, su posibilidad de opción.
Libre
no es obrar según la propia gana, sino una elección entre varias posibilidades
profundamente conocidas. Y tal vez, en consecuencia, observaremos que la
promulgación jubilosa de ese estado de libertad no fue precedida por el
dispositivo social, que no disminuyó las desigualdades sociales en los medios
de lucha y defensa ni, mucho menos, por la acción cultural necesaria para que
las posibilidades selectivas inherentes a todo acto verdaderamente libre
pudiesen ser objeto de conciencia.
EL FONDO CONSCIENTE QUE PRESTA CONTENIDO A LA LIBERTAD
ES LA AUTODETERMINACION POPULAR
El
fondo consciente que presta contenido a la libertad, la autodeterminación
popular, sobreviene a muy larga distancia en el tiempo del prólogo político de
la cuestión. Cuando el ideal de humanidad empieza a abrirse paso, cuando las
crisis de los hechos produce la revolución de las ideas, advertimos que los
antiguos enunciados no ensamblan de un modo perfecto con el signo de la
evolución. Son esbozos, o reflejos imperfectísimos, de un ideal mucho más
antiguo: el griego.
Capítulo XIII
SUPERACION DE LA LUCHA DE CLASES POR LA COLABORACION
SOCIAL Y LA DIGNIFICACION HUMANA
La
lucha de clases no puede ser considerada hoy en ese aspecto que ensombrece toda
esperanza de fraternidad humana. En el mundo, sin llegar a soluciones de
violencia, gana terreno la persuasión de que la colaboración social y la
dignificación de la humanidad constituyen hecho, no tanto deseables cuanto
inexorables. La llamada lucha de clases, como tal, se encuentra en trance de
superación. Esto en parte era un hecho presumible. La situación de lucha es
inestable, vive de su propio calor, consumiéndose hasta obtener una decisión.
Las llamadas clases dirigentes de épocas anteriores no podían sustraerse al
hecho poco dudoso de sus crisis. La humanidad tenía que evolucionar
forzosamente hacia nuevas convenciones vitales y lo ha hecho. La subsistencia
de móviles de violenta inducción ofrece el espectáculo de un avance hacia la
descomposición por el desgaste o hacia la adopción de fórmulas estériles.
LA REAFIRMACION DE LAS INDIVIDUALIDADES
EN SU FUNCION COLECTIVA
La
aspiración de progreso social ni tiene que ver con su bulliciosa explotación
proselitista, ni puede producirse rebajando o envileciendo los tipos humanos.
La
humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee la clarividencia
suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros no se opera meteóricamente,
como un exterminio de las individualidades, sino como una reanimación de éstas
en su función colectiva.
El
fenómeno, así, es ordenado y lo sitúa en el tiempo una evolución necesaria que
tiene más fisonomía de Edad que de Motín. La confirmación hegeliana del yo en
la humanidad es, a este respecto, de una aplastante evidencia.
Capitulo XIV
REVISION DE LAS JERARQUIAS
El
error de pretender subordinar Totalmente el hombre al estado Importa,
seguramente, no perder de vista al hombre en esta nueva contemplación
revisionista de las jerarquías.
No
es perfectamente imposible disociar el todo de las partes o acentuar
exclusivamente sobre lo colectivo, como si fuese por entero diferente a la
condición de los elementos formativos. La sublimización de la humanidad no
depende de su consideración preferente como del hecho de que el individuo que
la integra alcance un grado que la justifique. La senda hegeliana condujo a
ciertos grupos al desvarío de subordinar tan por entero la individualidad a la
organización ideal, que automáticamente el concepto de humanidad quedaba
reducido a una palabra vacía: la omnipotencia del Estado sobre una infinita
suma de ceros.
Como
podemos entender al hombre, o divisarle mejor, en el marco de esa humanidad que
lo realiza, será, en su jerarquía propia, atento a sus propios fines y
consciente de su participación en lo general.
Sólo
así podremos hablar del problema de la redención como de una perfección
realizable por elevación, en la vida en común.
EL HOMBRE ES UNA VOCACIONINDECLINABLE HACIA FORMAS
SUPERIORES DE VIDA
Puede
que D’Alembert acertase al pronosticar la subordinación del pensamiento-luz a
la técnica, y hemos visto que los problemas inmediatos, sociales, políticos y
económicos produjeron un grado de obnubilación suficiente para desvanecer en la
zozobra colectiva los sagrados fines del individuo.
En
el seno de la humanidad que soñamos, el hombre es una dignidad en continuo
forcejeo y una vocación indeclinable hacia formas superiores de vida. Tales
factores no operan, por cierto, en una consideración simplemente masiva de la
biología social. De su ignorancia o de su sojuzgamiento depende precisamente el
éxito de nuestra época.
Sólo
en ese punto podemos examinar con mejores garantías de acierto la gran
posibilidad de ese ideal de humanidad. Si no lo buscamos a través de ésta
misma, como una expresión de bloque con necesidades de bloque, sino a través
del individuo, hallaremos enseguida sus dos características esenciales:
humanidad como crisol de la dignidad y como atmósfera de libertad.
EL HOMBRE NO ES UNA PERSONALIDAD LIBRE
HASTA QUE APRENDE A RESPETAR AL PROJIMO
Si
recordamos a Antístenes, veremos que su ideal de libertad no era en absoluto
compatible con ningún ideal razonado de humanidad. Hay una libertad irrespetuosa
ante el interés común, enemiga natural del bien social. No vigoriza al yo sino
en la medida que niega al nosotros, y ni siquiera se es útil a sí misma para
proyectar sobre su actividad una noble calificación. Kant insinúa cuál podrá
ser el alto sentido de la libertad al situarla en el campo de la ley moral y en
el espacio del destino. Nada nos impide considerar como destino no sólo la
finalidad individual, o la suma de sus probabilidades, sino la suma de las
probabilidades generales. La misma ley moral no será considerada como ente
aislado, como principio personal, sino como visión máxima del ideal de conducta
universal. Con arreglo a ambas fuerzas presupone Kant la capacidad de
autodeterminación y la llama casualidad libre. La existencia de esa personalidad
es un postulado de la razón práctica. Pero Fitchte va más lejos todavía: el
grado supremo sólo llega a lograrse – nos dice – cuando sobre ese ciego deseo
de poder y sobre la arbitrariedad del individuo se sobrepone en uno la voluntad
de libertad, de soberanía del hombre, la voluntad racional. El hombre no es una
personalidad libre hasta que aprende a respetar al prójimo.
La
conclusión de que sólo en el dilatado marco de la convivencia puede producirse
la personalidad libre, y no en el aislamiento, puede ser el agregado
indispensable al ideal filosófico de sociología, cuya expresión más simple
sería la de que nos es grato llegar a la humanidad por el individuo y a éste
por la dignificación y acentuación de sus valores permanentes.
Capitulo XV
ESPIRITU Y MATERIA: DOS POLOS DE LA FILOSOFIA
Desde
los primeros tiempos, el tema magno de las tareas filosóficas fue una cuestión
de acentuación. Su campo ofrecía las distintas y aun opuestas probabilidades,
según que el acento, la visión preferente, recayese sobre el espíritu o sobre
la materia. La disociación se caracterizó por un conflicto con la esencia
religiosa, paladín de la inmortalidad del alma y consecuentemente de su
primacía. El problema de los valores individuales y de los sociales dependió en
todo momento de esa acentuación, no debida, por cierto, a caprichosas
veleidades.
DE LA ACENTUACION DE UNO DE LOS FACTORES DEPENDE
LA CALIFICACIÓN DE LO VITAL
En
la larga y laboriosa investigación en que el pensamiento mundial ha consumido
sus mejores energías, se han producido, como chispazos inesperados,
revelaciones que sostienen hoy el eterno templo del saber. Pero en el orden de
sus consecuencias importa sobremanera comprender que del hecho de subrayar,
quiero decir, del lado en que decidamos situarnos para contemplar las
cuestiones propuestas, depende nuestra calificación ulterior de lo vital.
Inclinarse
hacia lo espiritual o hacia lo material pudo ser una actividad selectiva de
índole pensante o de génesis científica cuando aparecía pura en un grado anterior
de la evolución. No es ésa la situación del mundo actual, ciertamente. Los
problemas presentes, la superpoblación, la presencia de las masas en la vida
pública, la traducción política de las doctrinas, confieren aguda
responsabilidad al hecho, en apariencia intrascendente, de tomar partido en la
suprema disputa.
Capítulo XVI
CUERPO Y ALMA:
EL "COSMOS DEL HOMBRE"EL PLANTEO DE LA
OPOSICION
ENTRE ESPIRITU Y NATURALEZA
Acaso
corresponda el mérito de su iniciación al pensamiento orienta. Cuando hallamos en
los Vedas la severa afirmación de que, con carácter sustancia, se hallan en
abierta oposición alma y cuerpo o, dicho con propiedad, espíritu y naturaleza,
experimentamos la sensación de haber chocado con una duda larvada desde el
Génesis. La pugna por reprimir la rebeldía de la materia y subordinarla por
entero al espíritu que supone la práctica del Yoga, y su tendencia por liberar
el alma de la apetencia y dolores del cuerpo, nos advierte que la cuestión
había sido enérgicamente planteada en los albores mismos de la civilización.
LA VISION ESPIRITUALISTA
Para
Aristóteles el universo constituye una serie, en uno de cuyos extremos se
encuentra la pura materia y en otro la pura forma. Claro está que en su
pensamiento la forma, la causa formal del ser, su contenido, no era otro que el
alma. Pero es polaridad enuncia con la necesaria evidencia el carácter distinto
de ambas fuerzas. Importa no perder de vista la visión aristotélica, sobre la
que descansa en lo sucesivo la visión espiritualista mundial que ha de
sucederle.
EL PENSAMIENTO CRISTIANO
Para
Platón el problema consiste en el vencimiento por el alma de las potencias
inferiores. El cristianismo agrega a la visión helénica la fe. El temor a la
disociación en el supuesto de la inmortalidad desaparece en él por la
purificación.
En
la escuela tomista se opera la fusión del pensamiento cristiano con la dualidad
aristotélica.
LA INFLUENCIA CARTESIANA
Descartes,
primero en encaminar a la filosofía por una senda nueva, ignorada hasta
entonces, parte también de las bases tradicionales. Su exposición del proceso
partiendo de la existencia de Dios, el cuerpo y el alma, constituye el prólogo
de una posterior explicación mecánica del universo. Fue ésta y no su prólogo lo
que la disputa general recogió. Sólo en Pitágoras podríamos hallar una
preocupación, o una tendencia, de parecido carácter, pero la influencia
cartesiana gravitó con enormes fuerzas en el desarrollo de las investigaciones.
Berkeley
y D’Alembert parecen situados, aunque la imagen no sea perfecta, en los dos
extremos de esa serie aristotélica. La vigorosa acentuación se convertirá en un
hecho de hondas repercusiones. Descartes dejó abandonada como al azar sobre el
tapete su teoría de la casualidad, y ésta, en otras manos, proliferó la
conversión de las jerarquías espirituales en extrañas opacidades.
Parece
incomprensible que la indiferencia de un hombre dotado de tan grave desprecio
hacia la masa, como Voltaire, ejerciese tan demoledora influencia sobre los
principios en que aquélla podría sustentar su línea de valores.
LA DISCIPLINA CIENTIFICA Y LA PERDIDA DE LA VISION
DE LAS ESENCIAS CENTRALES
La
disciplina científica nos aleja ya de la visión de las esencias centrales. Kant
nos situará ante los conceptos, el espacio y el tiempo, que Bergson convertirá
en materia y memoria. Para el romanticismo de Schelling la serie aristotélica y
se sostiene en el dualismo, pero sobre el pensamiento alemán gravita ya la
época. Esas fuerzas, además, se hallan en permanente tensión. El marxismo
convertirá en materia política la discusión filosófica y hará de ella una
bandera para la interpretación materialista de la Historia.
LO QUE VARIA EN EL HOMBRE ES EL SENTIDO DE SU EXISTENCIA
Hemos
pasado de la comunión de materia y espíritu al imperio pleno del alma, a su
disociación y a su anulación final. Ciertamente, pese al flujo y reflujo de las
teorías, el hombre, compuesto de alma y cuerpo, de vocaciones, esperanzas,
necesidades y tendencias, sigue siendo el mismo. Lo que ha variado es el
sentido de su existencia, sujeta a corrientes superiores.
Esa
acentuación oscilante lo mismo puede someterle como ente explotable al
despotismo de individualidades egoístas, que condenarle a la extinción
progresiva de su personalidad en una masa gobernada en bloque.
LA DERECHA Y LA IZQUIERDA HEGELIANA
En
los hegelianos existió una derecha y una izquierda. Tan pronto como esa escuela
se reflejó en el poder asistimos a la formación de sociedades de índole
diversa; el hombre apareció anulado en unas, frente a los imperativos estatales,
o con vagas posibilidades de redención en otras, condicionadas por el
equilibrio entre el interés común y la jerarquía individual. En ambos casos no
nos está permitido dudar de la trascendencia de Hegel en la liquidación de la
disputa. Si la derecha hegeliana puede derivar hacia un teísmo conservador, la
izquierda se desliza necesariamente a un materialismo no filosófico y, me
atrevería a sostenerlo, no humano. Por distintos caminos, se alcanza la
pendiente marxista.
EL ESFUERZO POR RETOMAR LA VIA DE LA COMUNION
Cuando
este forcejeo por la interpretación de la verdad produjo un estado de hecho
ocasionando la crisis de los valores sociales, surge una nueva explicación.
Acaso resulte prudente considerla. En Heidegger y en Kierkeggard observamos un
cierto esfuerzo por retomar la vía de la antigua comunión. Obligados a
sacrificar algunos principios para caracterizarla, intentan sin embargo la
rectificación. Cuando Heidegger expone la necesidad de que éste llegue a
realizarse, a lograr una plenitud, establece su divorcio con la corriente que
bajo la arquitectura del bloque, amenazaba aniquilar al hombre. Kierkegaard
proporcionó un sentido igualmente elevado a la exposición de tales ideas
restituyendo a la controversia su sentido vertical, al relacionar nuevamente
espíritu y alma con su causa y su finalidad.
SIN INFINITO NO HAY IDEAL, SIN IDEAL NO HAY PROGRESO
Y SIN PROGRESO NO HAY MOVIMIENTO
Keyserling
había observado el fondo del problema atentamente al decir que el esfuerzo de
los siglos XVIII y XIX fue unilateral, pues habían dejado el alma al margen del
progreso. Klages llegó a decir que bajo la influencia destructora del espíritu
llegara a su ocaso, en un dia no lejano, la vida terrenal., Oponiéndole en su
esencia el alma. En semejantes tiempos ya no resultaba popular el hombre de
Vico, un conocer, un querer y un poder que tiende al infinito. Victor Hugo,
otra vez, el genial pensador francés, lanzara en la plaza pública, frente al
monumento de Septiembre, unas frases imperecederas:...Si no hay en el hombre
algo más que en la bestia, pronunciad sin reír estas palabras: Derechos del
hombre y del ciudadano, derecho del buey, derecho del asno, derecho de la
ostra: producirán el mismo sonido. Reducir el hombre al tamaño de la bestia,
disminuirlo en toda la altura del alma que se le ha quitado, hacer de él una
cosa como otra cualquiera; eso suprime de un golpe muchas declaraciones acerca
de la dignidad humana, de la libertad humana, de la inviolabilidad humana, del
espíritu humano, y convierte todo ese montón de materia en cosa manejable. La
autoridad de abajo, la falsa, gana todo cuanto pierde la autoridad de arriba,
la verdadera. Sin infinito no hay ideal, sin ideal no hay progreso; sin
progreso no hay movimiento; inmovilidad, pues, estatu quo, estancamiento: ése
es el orden. Hay putrefacción en ese orden. Preguntad a la jaula lo que piensa
del ala. Os contestará: el ala es la rebelión....
EL SUJETO DE LA VIDA TODA ES EL HOMBRE
Semejante
desafío no está dirigido a la conciencia filosófica sino al mundo político,
pero estamos lejos de permitirnos afirmar que en estos momentos, de tan fina
sensibilidad, resulta factible una sólida disciplina intelectual sin
repercusiones en el desarrollo de la vida social... ¿No debemos, acaso,
formularnos el problema, con ambición de eficacia, de si esa acentuación no
deberá ser objeto de una cuidadosa definición antes de referirla a los fines
comunes?... Un pensador moderno ha escrito lo siguiente: Hay un trabajo sin
alegría, un placer sin risa, una virtud sin gracia, una juventud sin suavidad,
un amor sin misterio, un arte sin irradiación...¿por qué?.
Esa
pregunta terrible acaso está todavía pendiente sobre la vida actual. Pero puede
gravitar sobre nuestro futuro si no llegamos a relacionar y defender
debidamente las categorías y valores de ese sujeto de la vida toda, de nuestras
preocupaciones y nuestros desvelos, que es el Hombre.
Sin
el Hombre no podemos comprender en modo alguno los fines de la naturaleza, el
concepto de la humanidad ni la eficacia del pensamiento.
Capítulo XVII
¿LA FELICIDAD QUE EL HOMBRE ANHELA PERTENECERA AL REINO
DE LO MATERIAL O LOGRARA LAS ASPIRACIONES ANIMICAS DEL HOMBRE? EL CAMINO DE
PERFECCION
De
que importa activar la génesis de un pensamiento susceptible de contemplar la
futura evolución humana da pruebas el sentido de la vida actual.
Existe
una laboriosa tarea en pleno desarrollo, encaminada a modificar sustancialmente
las condiciones de vida en pro de la felicidad general. Es importante saber si
esta felicidad pertenece al reino de lo material, o si cabe pensar que se trata
de realizar las aspiraciones anímicas del hombre y el camino de perfección para
el cuerpo social. Pero cuando volvemos a preguntarnos si la dirección de ese
pensamiento ha de ser ejercida en un sentido horizontal, o si cabrá imprimirle
al mismo tiempo verticalidad, debemos antes examinar, siquiera en busca de
indicios, el panorama que se ofrece a nuestros ojos.
EL PROGRESO TECNICO DEBE CORRESPONDERSE CON UN ADELANTO
PROPORCIONAL EN LA EDUCACION DE LOS PUEBLOS
Advertimos
enseguida un síntoma inquietante en el campo universal. Voces de alerta señalan
con frecuencia el peligro de que el progreso técnico no vaya seguido por un
proporcional adelanto en la educación de los pueblos. La complejidad del avance
técnico requiere pupilas sensibles y recio temperamento. Si tomamos como
símbolo de la vida moderna el rascacielos o el trasatlántico, deberemos
enseguida prefigurarnos la estatura espiritual del ser que ha de morar o viajar
en ellos. Ante esta cuestión no caben retóricas de fuga, porque lo que en ella
se ventila es, ni más ni menos, la escala de magnitudes con arreglo a la cual
puede el hombre rectificar adecuadamente su propia proporción ante el bullicio
creciente de lo circundante.
EL PELIGRO DE LA INSECTIFICACION
La
vida que se acumula en las grandes ciudades nos ofrece con desoladora
frecuencia el espectáculo de ese peligro al que unos cerebros despiertos han
dado el terrorífico nombre de "insectificación". Es cierto que lo
físico no mengua ni aumenta la proporción intima, porque ésta consiste
justamente en la estimación de si mismo que el hombre posee; pero puede suceder
que, en ausencia de categorías morales, acontezca en su ánimo una progresiva
pérdida de confianza y un progreso paulatino del sentimiento de inferioridad
ante el gigante exterior.
Frente
a un complejo semejante – que en último término es un problema de cultura y de
espíritu -, son contados los medios de autodefensa. La civilización tiende a
complicarse y no parece que por el camino de lo exterior pueda resolverse esta
incógnita íntima.
EL RESENTIMIENTO COMO SUSTITUTIVO
DE LA PROPORCION ESPIRITUAL
El
materialismo intransigente contaba sin duda con el signo mecánico e implacable
del progreso, sospechando que privado de su sombra cósmica el hombre acabaría
por sentirse minúsculo y víctima de la monstruosa trepidación vital. Seguro de
ello, proveyó a su individuo de un sustitutivo de la proporción espiritual: el
resentimiento. Previamente había sustituido también las tendencias supremas por
fuerzas inferiores, por es "gana" que ayer integraba el cuerpo de una
teoría sumamente interesante y que hoy, defraudada y desencantada, han
convertido sus discípulos en la "nausea". Nausea ante la moral, ante
la herencia de la vida en común, nausea ante las leyes y los procesos
inexorables de la Historia, nausea biológica.
DE LA DECEPCION DEL SER INSECTIFICADO A LA NAUSEA QUE
OPERA SOBRE EL DESENCANTO INDIVIDUAL
Es
hasta cierto punto poco comprensible que hayamos pasado con tan peligrosa
brevedad intelectual de la decepción del ser insectificado a esa nausea con
que, a espaldas de sagradas leyes, se pretende orientar la comprensión de la
existencia colectiva. Lo sintomático de ese modo de pensar está en que no es
una abstracción, como tampoco lo era, pongo por ejemplo, el marxismo. Este
operaba sobre un descontento social. La nausea – como antelequia – opera sobre
el desencanto individual. Es la "angustia" abstracta de Heidegger en
el terreno práctico: corresponde a una sociedad desmoralizada que ni siquiera
busca una certidumbre para reclinar la cabeza. No es por tanto la teoría lo
deplorable, sino la realidad, la deformación postrera de aquella
"insectificación", sólo que esta vez el individuo insectificado ha
querido aislarse de la catástrofe con una mueca cínica.
EN EL HECHO COMPLEJO DE EXISTIR
EL HOMBRE ES UNA ENTIDAD SUPERIOR
Reconozcamos
que ésta era la consecuencia necesaria y obligada del doloroso extravío de la
escala de magnitudes. Armado con ella podía el hombre enfrentarse no sólo con
la áspera y poco piadosa vicisitud de su existencia sino con la crisis que una
evolución tan terminante había de suscitar en su intimidad. Saberse ligado a
reinos superiores a las leyes materiales del contorno le facilitaban una
generosa concentración de fuerzas para entrar con biológica alegría en un ciclo
en que todos los fenómenos parecen desbordarse. En una célebre fábula de Goethe
le acontece a un hombre desdichado verse compelido a una elección
extraordinaria. Melusina, reina de país de los enanos, le invita a reducir su
tamaño y compartir con ella su elevada jerarquía. Le ofrece amor, poder,
riquezas, sólo que en un grado inferior: será rey, pero entre enanos.
Trasladado al país donde las briznas de hierbas son árboles gigantescos, este
hombre, el más mísero de los mortales, añora su forma anterior. Y la añora,
supongamos, porque su escala de magnitudes le advierte que en la prosperidad o
en el infortunio su estado anterior era inimitable. En el hecho complejo del
existir el hombre es, sin más, una entidad superior.
LA REDUCCION DE PRINCIPIOS ABSOLUTOS E IDEALES
EN PROVECHO DEL ESPLENDOR MATERIAL
La
fábula de Melusina puede ser igualmente trasladada a otros paisajes, y
preferentemente a esos donde la desintegración y la heterogeneidad de la vida
moderna han reducido principios absolutos e ideales en provecho del esplendor
material. Se ha producido el milagro de la fábula, pero a la inversa: al hombre
no le ha sido dado elegir con arreglo a su proporción, y aquel que no poseía un
grado de fe en sus valores espirituales, sustituyó la altiva reacción por la
resignación o por el descontento, la difuminación gradual de las perspectivas
que padece quien no posee una conciencia justa de su jerarquía, la
"insectificación".
LA DEIFICACION DEL ESTADO
Y UNA INCONFESADA VOCACION DE DESPOTISMO
Pero
semejante desviación no es consecuencia del auge de los ideales colectivos. Que
el individuo acepte pacíficamente su eliminación como un sacrificio en aras de
la comunidad no redunda en beneficio de ésta. Una suma de ceros es cero siempre;
una jerarquización estructurada sobre la abdicación personal es productiva sólo
para aquellas formas de vida en que se producen, asociados el materialismo o
más intolerante, la deificación del Estado, el Estado Mito, y una secreta e
inconfesada vocación de despotismo.
AL SENTIDO DE COMUNIDAD SE LLEGA DESDE ABAJO,
NO DESDE ARRIBA.
Lo
que caracteriza a las comunidades sanas y vigorosas es el grado de sus
individualidades y el sentido con que se disponen a engendrar en lo colectivo.
A este sentido de comunidad se llega desde abajo, no desde arriba; se alcanza
por el equilibrio, no por la imposición, Su diferencia es que así como una
comunidad saludable, formada por el ascenso de las individualidades
conscientes, posee hondas razones de supervivencia, las otras llevan en sí el
estigma de la provisionalidad; no son formas naturales de la evolución, sino
paréntesis cuyo valor histórico es, justamente, su cancelación.
EL INDIVIDUALISMO AMORAL Y EL COLECTIVISMO ATOMIZADOR
En
la consideración de los supremos valores que dan forma a nuestra contemplación
del ideal, advertimos dos grandes posibilidades de adulteración: una es el
individualismo amoral, predispuesto a la subversión, al egoísmo, al retorno a
estados de interpretación de la vida que intenta despersonalizar al hombre en
un colectivismo atomizador
En
realidad operan las dos un escamoteo. Los factores negativos de la primera han
sido derivados, en la segunda, a una organización superior. El desdén aparatoso
ante la razón ajena, la intolerancia, ha pasado solamente de unas manos a
otras. Bajo una libertad no universal en sus medios ni en sus fines, sin ética
ni moral, es imposible al individuo realizar sus valores últimos, por la
presión de los egoísmos potenciados de unas minorías. Del mismo modo, bajo el
colectivismo materialista llevado a sus últimas consecuencias, le es arrebatada
esa probabilidad – la gran probabilidad del existir – por una imposición
mecánica en continua expansión y siempre hipócritamente razonada.
UN IDEAL APTO PARA SERVIR DE POLO
AL SENTIDO LOGICO DE LA VIDA.
El
idealismo hegeliano y el materialismo marxista, operando sobre necesidades y
calamidades universales que han influido profundamente en el ánimo general,
constituyen direcciones cuya resultante será prudente establecer. De la
Historia, y aun de sus excesos, extraeremos preciosas enseñanzas ante las que
en modo alguno podemos ni debemos permanecer insensibles. Mientras el
pensamiento creía poder sostenerse en lo fundamental, en espacios puramente
teóricos, el mundo obraba por su cuenta; pero, si lo fundamental declinó, la
fijación práctica de lo abstracto puede ejercer una influencia perniciosa en la
existencia común. Resulta entonces necesario detenernos de nuevo a examinar
nuestros absolutos y a limpiar de excrecencias y añadiduras superfluas un ideal
apto para servir de polo al sentido lógico de la vida.
Capítulo XVIII
EL HOMBRE COMO PORTADOR DE VALORES MAXIMOS Y CELULA DEL
"BIEN GENERAL".
En
esta labor se nos antoja primordial la recuperación de la escala de magnitudes,
esto es, devolver al hombre su proporción, para que posea plena conciencia de
que, ante las formas tumultuosas del progreso, sigue siendo portador de valores
máximos; pero para que sea humanamente, es decir: sin la ignorancia. Sólo así
podremos partir de ese "yo" vertical a un ideal de humanidad mejor,
suma de individualidades con tendencia un continuo perfeccionamiento.
Sugerir
que la humanidad es imperfecta, que el individuo es un experimento fracasado,
que la vida que nosotros comprendemos y tratamos de encauzar es, en sí y en sus
formas presentes, algo irremediablemente condenado a la frustración, nos hace
experimentar la dolorosa sensación de que se ha perdido todo contacto con la
realidad. Lo mismo tememos cuando se fía a la abdicación de las individualidades
en poderes extremos una imposible realización social.
LA PLENA REALIZACION DEL YO SE HALLA EN EL BIEN GENERAL
Si
hay algo que ilumine nuestro pensamiento, que haga perseverar en nuestra alma
la alegría de vivir y de actuar, es nuestra fe en los valores individuales como
base de redención y, al mismo tiempo, nuestra confianza de que no está lejano
el día en que sea persuasión vital el principio filosófico de que la plena
realización del "yo", el cumplimiento de sus fines más sustantivos,
se halla en el bien general.
Capítulo XIX
HAY QUE DEVOLVER AL HOMBRE LA FE EN SU MISION
Hoy,
cuando la angustia de Heidegger ha sido llevada al extremo de fundar la teoría
sobre la "naúsea" y se ha llegado a situar al hombre en actitud de
defenderse de la cosa, puede hacerse de ello polémica simple, pero es
conveniente repetir que no han sido teorías fundadas en sugestiones sino en un
parcial relajamiento biológico. Del desastre brota el heroísmo, pero brota
también la desesperación, cuando se han perdido dos cosas: la finalidad y la
norma. Lo que produce la naúsea es el desencanto, y lo que puede devolver al
hombre la actitud combativa es la fe en su misión, en lo individual, en lo
familiar y en lo colectivo.
EL SENTIDO DE LA NORMA
Ahora
bien: va anexo al sentido de Norma el sentido de cultura. Nuestra Norma, la que
tratamos de insinuar aquí, no es un cuadro de imposiciones jurídicas, sino una
visión individual de la perfección propia, de la propia vida ideal... En ese
aspecto no cabe duda de que su eficacia depende enormemente de nuestra
comprensión del mundo circundante como de nuestra aceptación de las
obligaciones propias. El solo intento de trazar un cuadro comparativo entre las
posibilidades culturales de la antigüedad y las actuales resultaría descabellado.
El progreso, el incremento de relaciones, la complejidad de las costumbres, han
ampliado el paisaje en términos indescriptibles.
LA NORMA ETICA Y LA NORMA MORAL
Es
lógico pensar, por consiguiente, que la dilatación del panorama haya redundado
en limitación proporcional de la conciencia de situación. Cuando nuestro tiempo
se plantea cuestiones de Moral o de Etica – acaso las más sustantivas e
inaplazables que debemos formularnos hoy - , no ignora que en la confusión de
muchos valores desempeña un activo papel el signo vertiginoso de progreso. La
evolución humana se ha caracterizado, entre otras cosas, por lanzar al hombre
fuera de sí sin proveerle previamente de una conciencia plena de sí mismo. A
ese estar fuera de sí puede atender mediante leyes la comunidad organizada
políticamente, y tendremos entonces un aspecto de la Norma Etica. Pero para su
reino interior y para el gobierno de su personalidad, no existe otra Norma que
aquella que se puede alcanzar por el conocimiento, por la educación, que afirma
en nosotros una actitud conforme a Moral.
LA NORMA COMO SISTEMA ORDENADO
DE LIMITES E INDUCCIONES
De
que esta Norma llegue a constituir un sistema ordenado de límites e inducciones
depende absolutamente el porvenir de la sociedad. Ni siquiera nos es posible
comprender ese porvenir como suma de libertad y de seguridad si no podemos
prefigurar en él la existencia de normas. Y no somos de los que pensamos que es
preferible resolver quirúrgicamente el problema encomendado la libertad
irresponsablemente al imperio vigilante de la ley. Las colectividades que hoy
deseen presentir el futuro, en las que la autodeterminación y la plena
conciencia de ser y de existir integren una vocación de progreso, precisan,
como requisito sustancial, el hallazgo de ese camino, de esa
"teoría", que iluminen ante las pupilas humanas los parajes oscuros
de su geografía.
Capítulo XX
LA COMUNIDAD ORGANIZADA.
SENTIDO DE LA NORMA
Así
como en el examen que nos está permitido aparece la voluntad transfigurada en
su posibilidad de Libertad, aparece el "nosotros" en su ordenación
suprema, la comunidad organizada. El pensamiento puesto al servicio de la
Verdad esparce una radiante luz, de la que, como en un manantial, deben las
disciplinas de carácter práctico. Pero por otra parte nos es imposible
comprender los motivos fundamentales de la evolución filosófica prescindiendo
de su circunstancia.
DESDE PLATON A HEGEL
Desde
Platón a Hegel la civilización ha consumado su azarosa marcha por todos los
caminos. Las circunstancias han variado sin tregua, y en ciertos dilatados
plazos se diría que volvían y vuelven a producirse con desconcertante
semejanza. La sustitución de las viejas formas de vida por otras nuevas son
factores sustanciales de las mutaciones, pero debemos preguntarnos si, en el
fondo, la tendencia, el objetivo último, no seguirán siendo los mismos, al
menos en aquello que constituye nuestro objeto necesario: el Hombre y su
Verdad.
PLATON Y EL ESTADO IDEAL
Cuando
advertimos en Platón el Estado ideal, un Estado abstracto, comprendemos que su
mundo, en relación con el nuestro y en su apariencia política, era
infinitamente apto para una abstracción semejante. Las ideas puras y los
absolutos podían fijarse en el panorama, aprehender y configurar éste, cuando
menos en su eficacia intelectual. Podía crearse un mundo en que valores ideales
y representaciones prácticas eran susceptibles de producirse con cierta
familiaridad.
LA VIRTUD DE LA JUSTICIA COMO
PRIMERA NORMA DE LA ANTIGÜEDAD
Platón
afirmaba: "El Bien es orden, armonía proporción; de aquí que la virtud
suprema sea la justicia." En tal virtud advertimos la primera norma de la
antigüedad convertida en disciplina política. Sócrates había tratado de definir
al hombre, en quien Aristóteles subrayaría una terminante vocación política, es
decir, según el lenguaje de entonces, un sentido de orden e la vida común. La
idea platoniana de que el hombre y la colectividad a que pertenece se hallan en
una integración recíproca irresistible se nos antoja fundamental. La ciudad
griega llevada en sus esencias al imperio por Roma, contenía en fenómeno de
larvación todos los caminos evolutivos.
EL ESTADO DE JUSTICIA.
EL CREPUSCULO DE LA MITOLOGIA PAGANA
Cuando
los hechos se producían en fases simples y en estados relativamente reducidos
era factible representarse la sociedad política como un cuerpo humano regido
por las leyes inalterables de la armonía: corazón, aparato digestivo, músculos,
voluntad, cerebro, son en el símil de Platón órganos felizmente trasladados por
sus funciones y sus fines a la biología colectiva: Un Estado de justicia, en
donde cada clase ejercita sus funciones en servicio del todo, se aplique a su
virtud especial, sea educada de conformidad con su destino y sirva a la armonía
del todo. El Todo, con una proposición central de justicia, con una ley de
armonía, la del cuerpo humano, predominando sobre las singularidades, aparece
en el horizonte político helénico, que es también el primer horizonte político
de nuestra civilización.
Todavía,
en el crepúsculo de la mitología pagana, no aparecen claros los fines últimos
del hombre. Se le concibe adscripto a la ciudad, y más interesante quizá que su
persona es la virtud abstracta que es susceptible de representar. No existe,
por cierto, un ideal de humanidad, aun para la clara visión de los filósofos.
El
cefiso y el Eurotas no son límites geográficos o militares, sino también
intelectuales. Al otro lado del Ponto existen la barbarie y las sombras, que
Alejandro rasgará años después. El sol es un globo de fuego un poco mayor que
el Peloponeso.
EL PROBLEMA DE LA TRASCENDENCIA EN LA FILOSOFIA GRIEGA
La
certera inteligencia de Aristóteles, que proporcionará el método cuando los
espacios nos hayan revelado gran parte de sus misterios, se desenvuelve también
en esa concepción de la jerarquía humana. Hay hombres libres y esclavos y no
parece que todos se rijan por leyes idénticas. Hay mundos en luz y mundos en
sombra.
Nada
de particular tiene que, en tal situación, la ciudad, objetivada y armónica,
predomine con carácter irreductible sobre las desigualdades humanas, que son
desigualdades sin vocación reivindicativa. Ello nos permitirá observar que
cuando al hombre se le priva de su rango supremo, o desconoce sus altos fines,
el sacrificio se realiza siempre en beneficio de entidades superiores
petrificadas. El hombre es un ser ordenado para la convivencia social - leemos
en Aristóteles -; el bien supremo no se realiza, por consiguiente, en la vida
individual humana, sino en el organismo superindividual del Estado; la Etica
culmina en la Política.
Los
pensamientos citados definen con carácter suficiente la fisonomía del mundo
helénico, y es preciso tener en cuenta que eran filósofos idealistas los que la
habían trazado. Sócrates intuyó la inmortalidad, pero sobre ella no pudo fundar
un sistema. Platón y Aristóteles debían encargarse de situar a ese hombre, que
divisaba con angustiada preocupación el problema último, ante la vida en común.
EL DESCONOCIMIENTO HELENICO
DE LAS RAZONES ULTIMAS DEL INDIVIDUO
Nacía
el Estado, aunque la comunidad cuya vida trataba de organizar adolecía de una
insuficiente revelación de la trascendencia de los valores individuales. La
idea griega necesitaba, para ser completada, una nueva contemplación de la
unidad humana desde un punto de vista más elevado. Estaba reservada al
cristianismo esa aportación. El Estado griego alcanzó en Roma su cúspide. La
ciudad, hecha imperio, convertida en mundo, transfigurada en forma de
civilización, pudo cumplir históricamente todas las premisas filosóficas. Se
basaba en el principio de clases, en el servicio de un todo y, lógicamente, en
la indiferencia o el desconocimiento helénicos de las razones últimas del
individuo.
EL CRISTIANISMO CONSTITUYO
LA PRIMERA LIBERACION HUMANA Y PERFECCIONO LA VISION
GENIAL DE LOS GRIEGOS
Una
fuerza que clavase en la plaza pública como una lanza de bronce las máximas de
que no existe la desigualdad innata entre los seres humanos, que la esclavitud
es una institución oprobiosa y que emancipase a la mujer; una fuerza capaz de
atribuir al hombre la posesión de un alma sujeta al cumplimiento de fines
específicos superiores a la vida material, estaba llamada a revolucionar la
existencia de la humanidad. El cristianismo, que constituyó la primera
liberación humana, podría rectificar felizmente las concepciones griegas. Pero
esa rectificación se parecía mejor a una aportación.
Enriqueció
la personalidad del hombre e hizo de la libertad, teórica u limitada hasta
entonces, una posibilidad universal. En evolución ordenada, el pensamiento
cristiano, que perfeccionó la visión genial de los griegos, podría más tarde
apoyar sus empresas filosóficas en el método de éstos, y aceptar como propias
muchas de sus disciplinas. Lo que le faltó a Grecia para la definición perfecta
de la comunidad y del Estado fue precisamente lo aportado por el cristianismo:
su hombre vertical, eterno, imagen de Dios. De él pasa ya a la familia, al
hogar; su unidad se convierte en plasma que a través de los municipios
integrará los Estados, y sobre la que descansarán las modernas colectividades.
EL LEGADO ROMANO Y LA CONFIRMACION
DE LA DIGNIDAD HUMANA
Roma
no era la Grecia cerrada, atenta sólo al fenómeno exterior de la barbarie
persa. Ha integrado en su existencia la de otros pueblos de costumbres,
pensamientos y creencias distintas. Las necesidades de su comunidad fueron muy
superiores también. Le fue sumamente difícil proporcionarse una idea abstracta
sobre la concepción del Estado, porque éste se había tornado proporcionalmente
complejo. Su historia es un continuo proceso de crecimiento y asimilación que,
cuando alcanza la cúspide, se interrumpe por la violencia. Lega al mundo sus
instituciones, su gloria, su civilización. Antes del ocaso, añade a esta
herencia colosal la confirmación de la dignidad humana.
La
libertad, expropiable por la fuerza antes de saberse el hombre poseedor de un
alma libre e inmortal, no será nunca más susceptible de completa extinción. Los
tiranos podrán reducirla o apagarla momentáneamente, pero nunca más se podrá
prescindir de ella: será en el hombre una "conciencia" de la relación
profunda de su espíritu con lo sobrehumano. Lo que fue privilegio de la
República servida por los esclavos, será más adelante un carácter para la
humanidad, poseedora de una feliz revelación.
EL DERRUMBAMIENTO DEL IMPERIO, LA LLAMA INEXTINGUIBLE DE
ESA REVOLUCION. LAS NUEVAS MONARQUIAS Y
EL IMPERIO DE LA FUERZA.
Al
sobrevenir la crisis la civilización conoció siglos amargos. El derrumbamiento
del imperio, sin parangón en la historia, devuelve el mundo a la oscuridad.
Pero ésta habría sido espantosa si el crepúsculo romano no hubiese prendido en
la noche siguiente la mala inextinguible de aquella revelación. Lo que
permitirá que el hilo de oro del pensamiento continúe a través del abismo de
hogueras y sangre es el milagro magnífico de que el puente de las ideas
religiosas no sucumbiese al chocar el hierro de los bárbaros con el agrietado
mármol de Roma.
Las
nuevas monarquías aparecidas al galope poseían ciertamente notable capacidad de
asimilación; pero su proyección cultural era sumamente reducida y el imperio de
la fuerza en que debían apoyarse hizo todavía más limitada esa posibilidad.
Europa se convirtió en una necesidad armada: así como las zonas habitadas se
polarizaban en torno a los puntos estratégicos y a los fosos militares, caudillos
y señores. Poco o nada subsistirá de cuanto había impreso su fisonomía a la
existencia general. El principio de autoridad cae en manos de la fuerza, en
razón de ese estado de necesidad aludido. Los mismos reyes ven menguar sus
atribuciones y privilegios a medida que se ven obligados a recurrir al poder de
sus ricos señores y a solicitar su alianza para sus empresas militares.
EL SABER SE REFUGIA JUNTO A LOS ALTARES
El
saber se refugia junto a los altares. En las abadías y en los conventos se
conserva inextinguible la llama que más tarde volverá a iluminar al mundo. Y lo
que preserva de la gigantesca crisis el acervo de los valores espirituales
humanos es, con precisión, un sentido místico: la dirección vertical, hacia las
alturas, que unos hombres de fe habían atribuido a todas las cosas, empezando
por la naturaleza humana.
La
Edad Media es de Dios, se ha dicho, y en este hecho, en este paciente y
laborioso mantenerse al margen de sus tinieblas, debemos ver la lenta y difícil
gestación del Renacimiento. Fue una Edad caracterizada por la violencia
desmedida. No nos es posible hallar en ella las formas del Estado ni contemplar
al hombre. Gracias sólo al hecho de acentuar sus desgracias, y aun su
brutalidad a veces, sobre fines e ideales remotos, pudo resultar factible la
evolución resolutiva. En el individuo no es fácil diferenciar la conciencia de
su proporción en el ideal religioso de cuanto fue simplemente ignorancia o
superstición.
La
Edad produjo santos y demonios, pero en su desolación, en su pobreza, con el
horizonte teñido siempre de resplandores de los incendios, no le quedaba otro
escape que poner sus ojos y su esperanza en mundos superiores y lejanos. La fe
se vio fortalecida por la desgracia.
EL FINAL DE UN LARGO PERIODO HISTORICO
El
Renacimiento halló diseminados los restos de una cultura y trató de reconstruir
con ellos un nuevo clasicismo. Sobre las ruinas de los castillos feudales
edificaron su trono las nuevas monarquías. A la idea de aventura sucedió la
empresa. Cuando los primeros concejos acuden al servicio del rey con pendón al
frente, y se distinguen en las batallas, se consuma en la práctica el final de
un largo período histórico.
El
Estado tardará todavía en sobrevenir, pero en torno a los monarcas,
depositarios de un mandato ideal, representantes de los siglos después será el
concepto de nacionalidad, empieza a gestarse la vida de los pueblos modernos.
Los nobles ingleses arrancarán a un Juan Sin Tierra la Carta Magna, los
castellanos harán jurar el trono en Santa Gadea, y los aragoneses arrancarán a
su rey los "Usajes", demostrativos de que la constitución del Estado
está en trance de ensayarse. Habrá Cámaras, rudimentarias al principio, y los
estamentos harán oír en los concejos la voz de los gremios y de los municipios.
ESTA EVOLUCION SE PRODUCE BAJO EL SIGNO IDEALISTA
Esta
evolución se produce bajo un signo idealista, cualquiera que sea su realización
práctica o su signo político, y en la elevada temperatura de la Fe popular. El
hombre tenía fe en sí, en sus destinos, y una fe inmarcesible en su
subordinación a lo Providencial. Tal fe justifica en parte las titánicas
andanzas de la época. Era necesaria para lanzarse a las sombras atlánticas y
sacar las América a la luz del sol romano, para detener la invasión tártara en
las puertas de Europa y para levantar un mundo nuevo de la desolación.
LA EDUCACION DEL HOMBRE PARA UNA VIDA VIRTUOSA
Lo
conquistado y descubierto en esa edad constituye un himno sonoro a la vocación
por el ideal. Pero es importante no perder de vista que prescindiendo del rigor
práctico de la organización política el clima intelectual de la época conservó
el acento sobre los valores supremos del individuo. Cuando la escuela tomista
nos dice que el fin del Estado es la educación del hombre para una vida
virtuosa presentimos la enorme importancia que tuvo ese puente tendido sobre
las sombras de la Edad Media. Ese hombre a cuyo servicio, el de su
perfeccionamiento, estaba dedicado el Estado, no era por cierto el germen de un
individualismo anárquico. Para que degenerase había que trasladar el acento de
sus valores espirituales a los materiales. El hombre era sólo algo que debía
perfeccionarse, para Dios y para la comunidad. La virtud a que Santo Tomás se
refería no será enteramente indiferente a la "virtud" griega, el
patrón de valores ideales para la realización de la vida propia.
MAQUIAVELO Y EL IMPERATIVO POLITICO
Frente
al humanismo, la inteligencia humana intenta divisar nuevos caminos y
orientaciones. Maquiavelo cubrirá la vida con el imperativo político, y
sacrificará al poder real o a las necesidades del mundo cualquier otra ley,
principio o valor.
EL APOGEO DE LOS ABSOLUTOS DESPIERTA COMO CONSECUENCIA
NECESARIA EL DESPECIO A LOS ABSOLUTOS
Grocio
llamará al Estado a erigirse en administrador supremo de la felicidad del
hombre y abrirá nuevos cauces al principio de autoridad.
Los
pueblos han vivido décadas y siglos intensos, han proyectado sus fuerzas hacia
espacios desconocidos, se han desdoblado, difundido en mundos nuevos, en
empresas fantásticas y costosas. Para que esto fuese posible se precisaba un
poder enorme de los recursos espirituales. El apogeo de los absolutos iba a
despertar, como consecuencia necesaria, el desprecio a los absolutos. La
intensa espiritualidad de la obra gestaba, por reacción, el desencanto y el
materialismo que iban a producirse después. En la evolución, por primera vez
acaso, se derivaría de un extremo a otro, de un polo al opuesto, y el objetivo
a suprimir era, inevitablemente, la temperatura ideal.
HOBBES Y EL ESTADO
Hobbes
predica el absolutismo del Estado en la corriente armada de la época, pero
predica ya a un hombre desalentado. La unidad social no parece imaginada por él
como el indestructible depósito de valores, sino como víctima. Fue el primero
en definir al Estado como un contrato entre los individuos, pero importa
observar que esos individuos eran lobos entre sí, eran seres desprovistos de
virtud y, seguramente, de esperanzas supremas; la larga cabalgata les había
rendido.
LA DEMOCRACIA LIBERAL Y EL MARXISMO
En
la crisis de las monarquías absolutas vierte su mordacidad el genio de
Voltaire. Ciertamente no necesitaba ya la sociedad su corrosivo para
fragmentarse bajo el trono. Montesquieu advirtió a la monarquía que sería
heredada en la República y Rousseau coronó el pórtico de la naciente época. Se
caracterizó por el cambio radical del acento. Acentuó sobre lo material, y esto
se produjo indistintamente, lo mismo si el sujeto del pensamiento era el
individuo, en cuyo caso se insinuaba la democracia liberal, que si lo era la
comunidad, en cuyo caso se avistaba el marxismo.
LA ACENTUACION DE LO MATERIAL
Es
muy posible que las edades Media y Moderna hayan verificado su elección con un
exclusivismo parcial en beneficio del espíritu, pero es innegable que el siglo XVIII
y el XIX lo hicieron, con mayor parcialidad, a favor de la materia. El Estado
de la cultura en esos siglos pudo prever las consecuencias, pero debemos
estimar necesario en toda evolución lo mismo lo que nos parece dudoso que lo
acertado. Rosseau cree en el individuo, hace de él una capacidad de virtud, lo
integra en una comunidad y suma su poder en el poder de todos para organizar,
por la voluntad general, la existencia de las naciones. Para Kant, lo vital en
lo político era el principio de "libertad como hombre", el de
"dependencia como súbditos" y el de "igualdad como
ciudadanos". Rousseau llamará pueblo al conjunto de hombres que mediante
la conciencia de su condición de ciudadanos y mediante las obligaciones
derivadas de esta conciencia, y provistos de las virtudes del verdadero
ciudadano, acepten congregarse en una comunidad para cumplir sus fines.
LA REVOLUCION FRANCESA
La
Revolución Francesa fue un estruendoso prólogo al libro, entonces en blanco, de
la evolución contemporánea. Hallamos en Rousseau una evolución constructiva de
la comunidad y la identificación del individuo en su seno, como base de la
nueva estructuración democrática. Esta concepción servirá de punto de partida
para la interpretación práctica de los ideales en las nuevas democracias. Pero
resulta hasta cierto punto conveniente examinar si en la concepción originaria
no se produjo, por la dinámica misma de la reacción, la supresión innecesaria
de toda una escala de valores. Podemos preguntarnos, por ejemplo, si fue
decididamente imprescindible, para derivar el poder absoluto a la voluntad del
ciudadano, cegar antes en ésta toda posibilidad espiritual. En segundo lugar es
preciso tener en cuenta el largo paréntesis que el Imperio abrió entre el
prólogo y la continuación del libro de la evolución política.
Capítulo XXI
LA TERRIBLE ANULACION DEL ESTADO Y EL PROBLEMA DEL
PENSAMIENTO DEMOCRATICO DEL FUTURO
En
ese paréntesis, el ideal que el pensamiento había abandonado a la intemperie es
rescatado del arroyo por fuerzas opuestas, que combatirán con extremada
violencia en el futuro. No tratarán de fijar sus absolutos en la jerarquía del
hombre, en sus valores ni en sus posibilidades de virtud; los fijaran en el
Estado o en organizaciones de un característico materialismo.
Todavía
Fitche crea un amplio espacio donde el individuo, subordinado al todo social,
puede realizarse. Hegel convertirá en Dios al Estado. La vida ideal y el mundo
espiritual que halló abandonados los recogió para sacrificarlos a la
Providencia estatal, convertida en serie de absolutos. De esta concepción
filosófica derivará la traslación posterior: el materialismo conducirá al
marxismo, y el idealismo que ya no acentúa sobre el hombre, será en los
sucesores y en los intérpretes de Hegel la deificación del Estado ideal con su
consecuencia necesaria, la insectificación del individuo.
LA ANULACION DEL HOMBRE COMO TAL
El
individuo está sometido en éstos a un destino histórico a través del Estado, al
que pertenece. Los marxistas lo convertirán a su vez en una pieza, sin paisajes
ni techo celeste, de una comunidad tiranizada donde todo ha desaparecido bajo
la mampostería. Lo que en ambas formas se hace patente es la anulación del
hombre como tal, su desaparición progresiva frente al aparato externo del
progreso, el Estado faústico o la comunidad mecanizada.
EL INDIVIDUO HEGELIANO Y EL INDIVIDUO MARXISTA
El
individuo hegeliano, que cree poseer fines propios, vive en estado de ilusión,
pues sólo sirve los fines del Estado. En los seguidores de Marx esos fines son
más oscuros todavía, pues sólo se vive para una esencia privilegiada de la
comunidad y no en ella ni con ella. El individuo marxista es, por necesidad,
una abdicación.
EL PROBLEMA DEL PENSAMIENTO DEMOCRATICO FUTURO
En
medio se alza la fidelidad a los principios democráticos liberales que llena el
siglo pasado y parte del presente. Pero con defectos sustanciales, porque no ha
sido posible hermanar puntos de vista distintos, que condujeron a dos guerras
mundiales y que aún hoy someten la conciencia civilizada a durísimas presiones.
El
problema del pensamiento democrático futuro está en resolvernos a dar cabida en
su paisaje a la comunidad, sin distraer la atención de los valores supremos del
individuo; acentuando sobre sus esencias espirituales, pero con las esperanzas
puestas en el bien común.
LA CRISIS DE LAS IDEAS DEMOCRATICAS
En
lo político, parte muy importante de tal crisis de las ideas democráticas se
debe al tiempo de su aparición. Las democráticas se deben al tiempo de su
aparición. La democracia como hecho trascendental estaba llamado a suceder ipso
facto a los absolutismos. Sin embargo, sufrió un largo compás de espera
impuesto por la persistencia de monarquías templadas y repúblicas estacionarias
que, para subsistir, creyeron necesario aplicar en leves dosis principios
propios de la democracia pura, preferentemente aquellos que podían ser
adaptados sin peligro. Tal operación dulcificó la evolución, pero sustrajo
partes muy importantes de personalidad al nuevo orden de ideas, que a su
advenimiento pleno halló, frente a colosales enemigos, muy disminuida su
novedad.
LOS EXTREMISMOS
COMO SUSTITUTIVOS PARA HACER EFECTIVO
EL CARÁCTER TRASCENDENTAL
Sucedió
así que los pueblos que pudieron establecerla en su momento han alcanzado con
ella los caminos de perfección necesarios, y los que no lo consiguieron han
optado por el empleo de sustitutivos, los extremismos, con tal de hacer
efectivo, por cualquier vía, el carácter trascendental.
LO TRASCENDENTAL DEL PENSAMIENTO DEMOCRATICO
Y
sin embargo lo trascendental del pensamiento democrático, tal como nosotros lo
entendemos, está todavía en pie, como una enorme posibilidad en orden al
perfeccionamiento de la vida.
En
varias ocasiones ha sido comparado el hombre al centauro, medio hombre, medio
bruto, víctima de deseos opuestos y enemigos; mirando al cielo y galopando a la
vez entre nubes de polvo.
La
evolución del pensamiento humano recuerda también la imagen del centauro:
sometido a altísimas tensiones ideales en largos períodos de su historia,
condenado a profundas oscuridades en otros, esclavo de sordos apetitos
materiales a menudo. La crisis de nuestro tiempo es materialista. Hay
demasiados deseos insatisfechos, porque la primera luz de la cultura moderna se
ha esparcido sobre los derechos y no sobre las obligaciones; ha descubierto lo
que es bueno poseer mejor que el buen uso que se ha de dar a lo poseído o a las
propias facultades.
RECUPERAR EL SENTIDO DE LA VIDA PARA DEVOLVER AL HOMBRE
SU ABSOLUTO
El
fenómeno era necesario, de una necesidad histórica, porque el mundo debía salir
de una etapa egoísta y pensar más en las necesidades y las esperanzas de la
comunidad. Lo que importa hoy es persistir en ese principio de justicia, pero
recuperar el sentido de la vida, para devolver al hombre su absoluto.
Ni
la justicia social ni la libertad, motores de nuestro tiempo, son comprensibles
en una comunidad montada sobre seres insectificados, a menos que a modo de
dolorosa solución el ideal se concentre en el mecanismo omnipotente del Estado.
Nuestra comunidad, a la que debemos aspirar, es aquella donde la libertad y la
responsabilidad son causa y efecto en que exista una alegría de ser, fundada en
la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga
realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su
presencia muda y temerosa.
NUESTRA EPOCA DEBE REALIZAR
SUS AMBICIOSOS FINES NOBLES POR LA ARMONIA
En
cierto modo, siguiendo el símil, equivale a liberar al centauro restableciendo
el equilibrio entre sus dos tendencias naturales. Si hubo épocas de exclusiva
acentuación ideal y otras de acentuación material, la nuestra debe realizar sus
ambiciosos fines nobles por la armonía. No podemos restablecer una
Edad-centauro sólo sobre el músculo bestial ni sobre su solo cerebro, sino una "edad-suma-de-valores"
por la armonía de aquellas fuerzas simplemente físicas y aquellas que obran el
milagro de que los cielos nos resulten familiares.
Los
monjes de la Edad Media borraron el contenido de los libros paganos para
cubrirlos con los salmos. La Edad Contemporánea trató de borrar los salmos,
pero no añadió nada más que la promesa de una vaga libertad a la sed de
verdades del hombre. En 1500 la humanidad concentró sus dispersas energías para
empresas gigantescas y nos dio nuevos mundos y formas de civilización. En 1800
reprodujo el intento y creó febrilmente, generosamente, una época. ¿No será el
nuestro, acaso, el momento de hacer acopio de las energías humanas para
conformar el período supremo de la evolución? Cuando pensamos en el hombre, en el
"yo" y en el nosotros, aparece claro ante nuestra vista que nuestra
elección debe ser objeto de profundas meditaciones.
La
sociedad tendrá que ser una armonía en la que no se produzca disonancia
ninguna, ni predominio de la materia ni estado de fantasía. En esa armonía que
preside la Norma puede hablarse de un colectivismo logrado por la superación,
por la cultura, por el equilibrio. En tal régimen no es la libertad una palabra
vacía, porque viene determinada su incondición por la suma de libertades y por
el estado ético y la moral.
La
justicia no es un término insinuador de violencia, sino una persuasión general;
y existe entonces un régimen de alegría, porque donde lo democrático puede
robustecerse en la comprensión universal de la libertad y el bien generales, es
donde, con precisión, puede el individuo realizarse a si mismo, hallar de un
modo pleno su euforia espiritual y la justificación de su existencia.
Capítulo XXII
SENTIDO DE PROPORCION.
ANHELO DE ARMONIA. NECESIDAD DE EQUILIBRIO.
Para
el mundo existe todavía, y existirá mientras al hombre le sea dado elegir, la
posibilidad de alcanzar lo que la filosofía hindú llama la mansión de la paz.
En ella posee el hombre, frente a su Creador, la escala de magnitudes, es
decir, su proporción. Desde esa mansión es factible realizar el mundo de la
cultura, el camino de perfección.
De
Rabindranath Tagore son estas frases: El mundo moderno empuja incesantemente a
sus víctimas, pero sin conducirlas a ninguna parte. Que la medida de la
grandeza humana esté en sus recursos materiales es un insulto al hombre.
No
nos está permitido dudar de la trascendencia de los momentos que aguardan a la
humanidad. El pensamiento noble, espoleado por su vocación de verdad, trata de
ajustar un nuevo paisaje. Las incógnitas históricas son ciertamente
considerables, pero no retrasarán un solo día la marcha de los pueblos por
grande que su incertidumbre nos parezca.
Importa,
por tanto, conciliar nuestro sentido de la perfección con la naturaleza de los
hechos, restablecer la armonía entre el progreso material y los valores
espirituales y proporcionar nuevamente al hombre una visión certera de su
realidad.
Nosotros
somos colectivistas, pero la base de ese colectivismo es de signo
individualista, y su raíz es una suprema fe en el tesoro que el hombre, por el
hecho de existir, representa.
LO COLECTIVO ESTA CEGANDO EN SUS FUENTES
AL INDIVIDUALISMO EGOISTA
En
esta fase de la evolución lo colectivo, el "nosotros", está cegando
en sus fuentes al individualismo egoísta. Es justo que tratemos de resolver si
ha de acentuarse la vida de la comunidad sobre la materia solamente o si será
prudente que impere la libertad del individuo solo, ciega para los intereses y
las necesidades comunes, provista de una irrefrenable ambición, material también.
No
creemos que ninguna de esas formas posea condiciones de redención. Están
ausentes de ellas el milagro del amor, el estímulo de la esperanza y la
perfección de la justicia.
Son
atentatorios por igual al desmedido derecho de uno o la pasiva impersonalidad
de todos a la razonable y elevada idea del hombre y de la humanidad.
LA SUPERACION INDIVIDUAL COMO PREMISA
DE LA SUPERACION COLECTIVA.
En
los cataclismos la pupila del hombre ha vuelto a ver a Dios y, de reflejo, ha
vuelto a divisarse a sí mismo. Si debemos predicar y realizar un evangelio de
justicia y de progreso es preciso que fundemos su verificación en la superación
individual como premisa de la superación colectiva. Los rencores y los odios
que hoy soplan en el mundo, desatados entre los pueblos y entre los hermanos,
son el resultado lógico, no de un itinerario cósmico de carácter fatal, sino de
una larga prédica contra el amor. Ese amor que procede del conocimiento de si
mismo e, inmediatamente, de la comprensión y la aceptación de los motivos ajenos.
Lo
que nuestra filosofía intenta restablecer al emplear el término armonía es,
cabalmente, el sentido de plenitud de la existencia. Al principio hegeliano de
realización del yo en el nosotros, apuntamos la necesidad de que ese
"nosotros" se realice y perfecccione por el yo.
EL PROGRESO SOCIAL NO DEBE MENDIGAR NI ASESINAR,
SINO REALIZARSE POR LA CONCIENCIA PLENA DE SU
INEXORABILIDAD
Nuestra
comunidad tenderá a ser de hombres y no de bestias. Nuestra disciplina tiende a
ser conocimiento, buscar ser cultura. Nuestra libertad, coexistencia de las
libertades que procede de una ética para la que el bien general se halla
siempre vivo, presente indeclinable.
El
progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia
plena de su inexorabilidad.
La
naúsea está desterrada de este mundo, que podrá parecer ideal, pero que es en
nosotros un convencimiento de cosa realizable. Esta comunidad que persigue
fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela mejorar y
ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo puede realizarse y
realizarla simultáneamente, dará al hombre futuro la bienvenida desde su alta
torre con la noble convicción de Spinoza:
"Sentimos, experimentamos, que somos eternos".
LA
COMUNIDAD ORGANIZADA
Tte.
Gral. Juan Domingo Perón
Secretaria
de Prensa y Difusión
Presidencia
de la Nación
Buenos Aires,
Argentina,1954

gracias por compartir
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