MUROS

Hay invasiones que uno no puede resistir, otras que no debe…



Existen determinamos parámetros de lo que se entiende por normalidad a los que nunca estuve dispuesta a ceder. No fui “programada” para seguir a la manada, sea cual fuera esta. Se me hace imperiosa la necesidad de ponerme a cuestionar las razones, motivos e ideas que las movilizan.

Ahora bien, esto, casi con frecuencia, termina afectando las relaciones. Cuando se termina el encanto primario, la luz muestra su origen y las cosas toman la forma correspondiente.

Sobre la base de estas externalizaciones es donde se forman muros. Algunos más franqueables que otros. Muchos oscuros y sin sentido.

Según la óptica con la que se encare, estos muros son los que terminan dejando a las personas al margen, afuera. Aunque hace tiempo entendí que esos muros son los que, en verdad, las encierran.

¿Tiene sentido preguntar de qué lado del muro se está? Yo creo que no. El fondo del tema es la existencia de los mismos. Caprichos, rencores, fobias, discriminación, inoperancia, obsecuencia, hipocresía, entre otros, son los que se erigen para poner distancia.

Abordarlos implícitamente es el comienzo de su destrucción. Enfrentarlos es un inicio. Lograr una sana implosión solo es posible si se es lo suficientemente fuerte para desarraigar las bases. La mera destrucción sin crear nuevos lazos que logren superarlos es casi inútil. Sin encontrar el origen de ellos, lo único que se logrará es crear nuevos muros.

Intuyo que la cuestión radica en el fin mismo de su destrucción, dando paso así, a un nuevo atisbo de luz. Conseguir reconocer donde uno en verdad esta y hacia donde quiere avanzar, dejando de sentirse sitiado y a merced de un devenir que no es del todo propio, ni del todo ajeno, es la invasión a permitir.








SIN HILO 




Parece ser, que ya no puedes ver,

ni lo blanco ni lo negro,
ni lo que te sucede.
Y pensás que vivís mejor
gracias a un reloj,
¿qué tiempo querés saber?
Porque mis agujas ya tiene.

En lo que dicen ellos,
siempre tienen razón,
coleccionistas de diario
y los que te ves en la tele.


Pero, que se duerman con su información,
basta saber como estoy,
basta saber lo que quiero.

¿Cómo estoy?, ¿dónde voy?,
¿cómo estoy?, ¿dónde voy?

Parece ser, que ya no puedo ver,
ni lo blanco, ni lo negro,
ni lo que me sucede.


Y pensar que no va todo tan mal,
sin embargo no puedo mirar,
un maldito amanecer.

Sigo en ésta ruta, un cartel:
"no se puede frenar",
no quiero ser uno más
que no podrá volverse.

Por eso, no, no, no,

no quiero llegar,

de allí no hay como zafar,

como la misma muerte.


¿Cómo estoy?, ¿dónde voy?,

¿cómo estoy?, ¿dónde voy?


LAS PELOTAS




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