¿Puedo decirte mía?



Si, a vos. Luna dorada y anónima, brillante entre efímeros rostros con nombre. Credo que logra erizar la piel. Fuerza pródiga que llena los espacios profundos, de grietas protegidas, entre el caparazón declarado en fina resistencia. Tributo temperamental de invencible fortaleza. Que espía domando la resignación de los colores que sueñan incondicionales en presente ceñido.

Tu mundo no es el mío, inalcanzable, deseado. Hoguera enardecida que solo en el delirio percibe que juego ofrecer. Bella, transparente esencia, que sin éxito busca la naturalidad de ocultar sus gemas. Compartimos la ceniza candescente que se consume a miles de segundos de distancia. El mismo absurdo concepto de apego. Capricho que marca límites franqueables a los antojos. Mi vuelo se petrifica cuando decides ausentarte.

Navaja simulada.

Puedo pensarte mía. Albor y consciencia. No conozco tu voz, ni el latir de tu corazón. Te intuyo con bravas notas de dulzura, de seguridad. Confianza que emana de tus entrañas nuevas, sin estrenar. Lámpara escribiente, dura y oscura, que vibra en delgado equilibrio. Poeta inconfesa. Tus líneas atormentan mis pasiones, respuesta inconclusa, huidiza, final.


Silencio que en las noches rompes con tu ceguera. Estilo que arraiga limitando batallas. Improvisados te huyen, nadie evita tu luminiscencia cuando decides aclarar tu garganta. Con impropio orgullo, celebro tus embates a la inopia y a la insolencia de sobrevalorar el ludibrio. Tu furia me gana, me arrasa, me enamora.

Piélago agitado. 

Mis más bajos impulsos se alimentan con tu inteligencia, aquella propia de quienes disfrutan de los pliegues de la vida, nortes sin complicaciones. Permeando mi existencia de falsa esperanza, encuentro irreal, que impide resistir. Deferir en el espacio común, sin necesidad de continuidad, me frustra noche tras noche, en esa despedida que no llega, ni una ni otra vez, hasta amanecer.

Alma resuelta y de a ratos bruma, escrutando brillo en lugares pasados. La que agradece todo sin pedir nada. La que habla poco desnudando su profuso espíritu. Acompañando sueños ajenos, en busca de un giro ideal. Sólo vuela. A vos te escribo, aunque nunca me leas.

Inalcanzable jazmín.

Deseo poder decirte en la cara, lo que vomito hoy en este papel. Amarrar mis dolores y enfrentarme al odioso manoseo. Aflojar la máscara y entregarme a la patética idea de creerme libre de aserción. Espejo quebrado, distorsionado. Gritarte mis venas y mis insomnios. Idealización absurda, somera, abstracta, que no tiene fundamento, solo eco en mi corazón.


Mía. Solo mía y porque sí. En la fe de una noche que jamás llega te pienso, como luz que vence mis miedos y se entrega entera, dócil, apasionada, a las verdades serenas que entre mis sabanas esperan.





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