El medio pelo mendocino.

Tobías Garzón en su "Diccionario de argentinismos" expresa: «Aplícase a las personas de sangre o linaje sospechoso o de oscura condición social que pretenden aparentar más de lo que son.» [...] A renglón se remite a la Academia que dice: «locución figurada y familiar con que se zahiere a las personas que quieren aparentar más de lo que son o cosa de poco mérito e importancia».



Hace un par de meses atrás me di el gusto de caminar Buenos Aires con tiempo, es decir, sin agenda llena de trámites y compromisos, de disfrutar de galerías, bares, avenidas y un sinfín de lugares por demás interesantes. En la puerta de un teatro, le comentaba a una persona, la escasa actividad cultural que existe en esta bendita provincia. Lo costoso del acceso a lo poco que llega y lo dificultoso que se hace encontrar calidad a la hora de elegir. Intentaba alabar la oferta cultural de Buenos Aires en desmedro de la que posee Mendoza.
Comparación por demás absurda, si tengo que ser realista, en verdad era una queja cubierta de fastidio de saber que vivo en una provincia donde es imposible ir a ver una obra de teatro después de las nueve de la noche, ni de encontrar un lugar para comer entre semana después de las diez. Donde no existe otra cosa que no sea vendimia, y luego de los meses en donde nos saturamos de carruseles y reinas, no existe nada. Claro, la “diversión” más grande es ir a tomar mate a Cacheuta. Si, montañeses, rústicos y sin posibilidad de cambio.
Pero hoy mi provincia recibía, quizás como un hito, a un artista consagrado, no solo actoralmente, sino a un hombre que no siempre es accesible al público y que había decidido salir de la C.A.B.A., para mostrarnos algo de su arte.
Con gran entusiasmo recibí la invitación, por que la única forma de acceder a la inauguración era con una exclusiva (y excluyente) invitación especial y que debía ser confirmada con más de una semana de anticipación. El inicio de la muestra era solo para un selecto grupo de mendocinos. Y sí, debo reconocer que en algún momento de mi vida pertenecí a ese sectarismo, pero que hoy comprobé una vez más, que mi raciocinio es sabio, y doy gracias por haber hecho un clic y haberme apartado de ese minúsculo mundo.
En fin. Conozco al actor, admiro al artista y quería verlo de cerca. El tema es que me encontré en un bizarro momento, donde se hacía insoportable respirar entre la mezcla a perfume de segunda y el nauseabundo medio pelo mendocino que solo buscaba una foto, no con la obra a inaugurar, ni siquiera con el artista, no que va, una foto para el diario con el político de turno.
Si señoras y señores, en el medio de la muestra, entre la exigua galería, los mozos con las bandejas llenas de champan circulando, de pronto se lleno de ese mundillo político que nada tiene que ver con el clima que se había creado para la ocasión.
Vergüenza. Cuando Julio nos regalo unas palabras, hizo mención al escaso espacio que había, y como su obra se había quedado oculta y en “silencio” ante el bullicio del gentío que lo acosaba.
Y a mí se me revolvió el estomago, cuando caí en la cuenta de quienes eran los que habían desbordado el ambiente. Los “colados” que no habían podido ser filtrados, por sus grandes puestos en la función pública, por ser los candidatos a tal o cual cargo, los ganadores de las recientes elecciones. ¿Y qué carajos tenían que ver en la muestra de arte? Esa pregunta no deja de resonar en mi cabeza.
Que desagradable que debe haber sido para el Señor Julio Chávez tener que vivir ese momento, donde confesó que por primera vez se encontraba en un lugar en el que no conocía a nadie, que era ajeno a la provincia, y en el que se vio rodeado de intendentes, legisladores y concejales, que se agolpaban casi tirando una de sus obras, para sacarse una foto. Pobre Julio, si antes no quería saber nada con salir de su amada Buenos Aires, hoy le dieron motivos para no volver a dejarla.
Ahora la nota de color la aporto el tumultuoso grupo de “periodistas” de lengua larga y raquítica formación que “poseemos”. No tenían idea de quien estaba del otro lado de los micrófonos, no se tomaron el tiempo de leer, de consultar o siquiera de preguntar quién es el tipo, éste, el porteño que llega con cuadritos y cositas. ¿Para qué? Si con sacar fotos alcanzaba.
En medio de la presentación, de fondo no solo se escuchaba un piano que intentaba amenizar la noche, sino la histriónica voz hablando por su celular, de uno de los chicos de los medios, de ese en particular que no sabe ni copiar y pegar, como muestra de la falta de respeto a quien vino a ofrecernos algo de arte.
Asco. Me fui a los pocos minutos de llegar, logré pasar entre cámaras e impresentables funcionarios, darle un beso y agradecerle por la paciencia. Me miro resignado, asintió con la mirada y siguió saludando, cual quinceañera a la que en plena fiesta, le presentan a parientes que nunca vio, y que jamás se interesaron por ella.
Con mucha desilusión baje los ocho pisos hasta la calle. Me resulto gracioso ver un caño roto de agua en la puerta del lujoso edificio y minutos antes al intentende de la capital asaltando la bandeja de canapés. Sin palabras.
Ojala que la próxima semana pueda ver la muestra, porque entre tanto pelotudo amuchado, solo pude ver al más claro ejemplo de una sociedad que se cree metrópolis y no deja de ser un pueblito horrible, con mucho para crecer.


2 comentarios:

  1. AGUANTADOR JULIO, PERO SEGURAMENTE SACARA ALGO DE LO BUENO QUE LE DEJO ESTE MOMENTO Y LO CAPITALIZARA EN SU FAVOR , NADA ES FACIL HOY DIA EN ESTE PAIS Y NUNCA LO FUE SER ARTISTA , UN GRAN ARTISTA COMO EL,, YA CON TIEMPO VERAS SUS OBRAS Y DISFRUTARAS SU ARTE TRANQUILA Y EL TOMARA RECAUDOS PARA QUE EN SU PROXIMA PRESENTACION NO OCURRA LO MISMO GRACIAS ADRY POR ESTA INFORMACION

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  2. Es realmente una pena, en mi humilde modo de ver, que le hayan expuesto a todo eso. Esta fue una descarga de mucha bronca y vergüenza por lo que el representa para mi especialmente.
    Gracias por tus palabras Norma!

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