Espejismo IV



Rainbow.


Dos líneas. Palabras suficientes para trastocar todo mí alrededor. Nada trascendental, pero si con el poder suficiente de dejarme muda. Las repaso con la punta de mis dedos, quisiera que fuera tu piel. Tardo unos segundos a darme cuenta del contexto. Tu imagen escribiendo me llena de regocijo.

Mi interlocutor me mira contrariado. No entiendo yo, ¿cómo logro explicarle a él? Guardo en mi bolsillo el secreto que me aturde, e intento retomar el hilo de la conversación. El regreso a mi escritorio es más gris que el cielo de este junio.

El viaje es en dos días, la cita también. Algo va a salir mal, lo sé. Mi cabeza da vueltas y todo quedo alterado. Un abanico se abre ante mí, donde la posibilidad de hacer real una fantasía, es cada vez más concreta. ¿Será que fui muy evidente? ¿El sueño que tanto abrace, lograré hacerlo realidad?

Mi tormenta es más feroz de lo que pensé. No logro concentrarme. Necesito una escusa válida para no viajar. No puedo darme el lujo de desobedecer, eso implicaría alargar el castigo que me trajo hasta aquí, y en definitiva, la no posibilidad de elegir a donde ir después. Pero tampoco quiero perderme el encuentro, llevo un año soñando con una chance. ¿Justo ahora? ¿Por qué ahora?

Y sobre eso se me plantea otra circunstancia. ¿Para qué es el encuentro? Nunca vi señales de parte de ella. Es más, siempre pensé que mi objeto de deseo no era real. ¿Y ahora? Desde mis entrañas un clamor aturde mis sentidos, necesito salir de acá.

Sin cruzar miradas, tomo el abrigo, lo cargo junto a los cigarrillos y el celular. Correr, bajar las escaleras, y que el frio me congele entera. Las descargas de aire helado cortan mis pómulos, y me obliga a mantener los ojos cerrados durante unos segundos. A veces las decisiones más complejas, tienen una salida sencilla.

Volver y encarar todo. Un pequeño arco iris asuma en mi ser. Ojala esto funcione.











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