Espejismo. I

Me buscas.


Si, ahora sé que es así. Fue tan dulce darme cuenta, que mi corazón volvió a latir. Levantar la mirada y percibirte cerca me llevó a buscar rápido la lapicera y a poner en el papel lo que aún no me permito decirte frente a frente. Estas acá. Me buscaste. Te vi. Probablemente solo fue una casualidad, pero prefiero reafirmar mi sentir, a pensar que no queres saber de mí. 

Me ilusiona, y me encantaría que te tomaras el tiempo de saber que te escribo, que este espacio existe, y así alucinar con creer que lo que buscas, lo podes encontrar entre mis líneas,  convencerme en que la confirmación de lo que tu corazón no quiere proclamar, se encuentra acá. Lamento soñar despierta, pero este silencio, de tanto tiempo, me duele más que el hecho de discernir que no siempre es fácil sentarse a decir.

Aún así, me hechiza este juego, algo lento y perezoso. Sin reglas, sin límites, sin vencedores ni perdedores. Mi locura se enciende, tras este cascabel blanquinegro, que arde de fuego, pero al que no se lo deja brillar.

Y empiezo a volar, a dejarme llevar, a sentir tú aliento, virtual, imaginario, que reposa en mi espalda y espesa mis venas. Pequeño deleite, que me llena de esperanza. Se me infla el pecho. Mi alma estalla. Imagino tus manos, buscándome; tus labios incendiándome, y me reprimo de pensar, de soñarte, de quererte.

No quiero asustarte, pero sé que me buscas, y eso me encanta. 




Cuando termine de escribir este borrador, en aquella mesa de ese cafecito que sentí mi lugar, guarde mi carpeta y tome la cartera. Al salir note que me había dejado el celular, y al regresar me di cuenta que no eras vos, y me corazón se volvió a anestesiar…



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